martes, 17 de julio de 2007

Lo que ha llovido

Hola a todos, ¡lo que ha llovido desde la última vez que pude escribiros!.
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Quiero pediros disculpas a quienes os habéis asomado por aquí en el último mes y os habéis llevado el chascochubasco de ver que seguíamos todo el día en el aire por Weihai Lu... Si los últimos meses estuve de verdad desbordado, últimamente creo que había pasado al club de quienes están al borde de quedarse a oscuras y sin vida privada, me pasó un tifón de asuntos por encima y todavía me estoy reponiendo de los meneos que me dio... Espero a partir de ahora ser capaz -y ser persona- como para devolverle a esta ventana la frescura y el calor que tuvo en sus primeros días de abril. De momento, mientras recupero la frescura, el calor está garantizado con los récords de estos días, 35 grados a la sombra con una media de un 80% de humedad, según me confirmó hoy la madre de una querida amiga, lo que equivale, más o menos, a pasarse el día disfrutando de la cúpula botánica de la estación madrileña de Atocha en este tiempo, hacia las cuatro de la tarde....
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Últimamente, sin embargo, en Shanghai ha llovido bastante. Es lo que toca por la estación, y además este verano de momento -cruzo los dedos- vamos mejor de tifones que el año pasado -toco madera de barco-. Ha habido incluso días en que la descarga fue tan fuerte que el paisaje, ya familiar para vosotros, de mi querida ventana, quedó reducido a este arrollador espectáculo:.
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No es niebla, os confirmo: es agua cayendo..
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A veces la humedad se concentra y se vuelve tan eléctrica que el cielo se pone fascinante, como en esta fotografía que se la debo a mi amigo Santi, que me señaló al cielo antes de un gran chaparrón hace unas cuantas semanas, una tarde en medio de Nanjing Dong Lu (南京东路):.
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La que vino después no hace falta que os la cuente: unos veinte minutos de lluvia y el aire más fresco y más noche que antes, aunque siempre igual de pesado y húmedo. Fue un bonito espectáculo..
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Con todo, como ya hablamos otra vez, la mejor manera de medir el tiempo en esta inmensa ciudad parece a menudo observar el cambio de las calles y lo que han crecido los rascacielos..
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Se cumple ahora mismo un mes, pocos días arriba o abajo -y siento no habéroslo contado en su momento-, de que la torre Jin Mao (金茂大厦) dejó de ser la estructura rascacieril más alta de China, para ser sobrepasada por su vecina, doña Obras del Centro Financiero Mundial Shanghai Hills, que ya le lleva no sé cuántos metros de altura (si la Jin Mao tiene 420, esta tendrá ya 440, como el La perfecto), y que tendrá 101 pisos de aquí a tres cuartos de año más....
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Hace unos días estuve un poco al este del distrito financiero, pasada la Avenida del Siglo (世纪大道), y entre chubasco y chubasco pude ver a la pareja futurista del momento desde una perspectiva poco habitual para mí, con el WFC Hills más cerca:.
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A pesar de la niebla y sus ampos azules, podéis comprender el escalofrío que me dio verlo y con qué pequeño sobrecogimiento tiré la fotografía..
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Un par de horas después pude subirme a un sitio un poquito más alto, en pleno corazón de Lujiazui (陆家嘴, por no perder la tradición de poneros siempre la versión original de los nombres chinos, para los de fuera), pude sacar a las dos desde esta otra perspectiva: lo que hace el punto de vista, ¿verdad? En realidad ya son más altas las obras que la Jin Mao, aunque vistas así, las dos parecen inmensas deidades reales, la reina y el rey del secreto ajedrez de Shanghai:.
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Sobra decir que la niña más alta está todavía más alta que cuando tomé las imágenes, hace algo menos de un par de semanas, y que ya que las dos atrapan tan poderosamente mi atención, como disfrutáis o sufrís los que os paseáis a menudo por este cuaderno de compartires, no puedo sino volver a desear subirme algún día a lo más alto de ellas, y tener el placer de contarlo. Y, a pesar de la ambición y los deseos turbios que nutren sus raíces, vistas así en su fascinadora presencia, por maravillar a los niños con su reto cotidiano y crecer con la lluvia y con los días, váyales desde aquí un humilde y muy espectante homenaje..
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jueves, 14 de junio de 2007

Hoy en el aire

Entre Weihai Lu y Nanjing Xi Lu, esta noche..

¡Hola de nuevo! ..

Hoy, por algún motivo que olvidé por el camino, estuve en el aire, o casi, ya que entré en el edificio de uno de los mayores conglomerados mediáticos de China, el Shanghai Media Group (SMG, o 上海文广新闻传媒集团), que controla los tres principales conjuntos de cadenas de televisión shanghainesas (en total siete canales de difusión nacional, y los que tenga por cable, además de radios, productoras y otras filiales). A sus periodistas se los encuentra uno con frecuencia hasta por la calle, y su torre de Nanjing Xi Lu me dejó una profunda huella en la memoria, hace tanto tiempo ya, la primera noche de paseo de exploración en que, bastante desorientado, fui descubriendo el centro de la ciudad a las pocas horas de llegar a ella por primera vez. En su fachada tiene una de las primeras pantallas gigantes de las calles de Shanghai, que ahora ya se cuentan por decenas..
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El caso es que en mi saludo de hoy sólo podía destacar esa sensación de irrealidad vaporosa, cálida y húmeda, que había hoy en el aire y que me invadió de pronto cuando me asomé a una azotea y vi, con esta perspectiva nueva, algunas calles de mi barrio desde allá arriba..
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Caminando por un borde hasta llegaba uno a asomarse, entre los edificios, a esta vista de un pequeño tramo de la carretera elevada de Yan An Lu que lleva al Waitan...
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A la televisión de Shanghai le tengo cierto cariño, dado que aunque su programación no se diferencia mucho, por lo poquito que suelo ver la tele, de otras cadenas provinciales, al menos tienen mucho contenido local y se le nota esa imagen de superioridad y de riqueza y de despliegue y casi ostentación de recursos que no te vas a encontrar, por ejemplo, en la televisión de Anhui. Además sus periodistas y presentadores suelen resultar gente bastante maja, aunque de uno se encuentra todo, y en ocasiones la persona que porta el micrófono con la estrella de Dragon TV, la magnolia de Shanghai TV o el lazo gaviotil Oriental TV, los tres grupos de cadenas de SMG, acaba por ser una anoréxica pija hipermaquillada con tendencias ególatras... aunque creo que sin llegar a los extremos de pijerío del Canal Joven, una aventura de Disney, también vinculada al SMG, pensada para chinos jóvenes, ricos, muy preparados, con un buen trabajo, ocio suficiente y listos para gastar..
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Con todo, los personajes de la tele me parecen bastante menos repelentes en las cadenas clónicas shanghainesas que en la España que nos vio nacer..
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Hace unos días, en una especie de fiesta que había, por casualidad, me encontré con dos presentadores bastante populares de la tele, que os presento aquí abajo en la foto que me dejaron hacerles.
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Como me sonaban un montón, me acerqué a ellos y les pregunté: "perdonad, vuestras caras me suenan muchísimo y creo que sois famosos, pero no me acuerdo de dónde os he visto, ¿me podríais decir quiénes sois?". El chico de la derecha, muy simpático, me dijo que tal vez de la tele, a no ser que nos hubiéramos encontrado en el autobús o algo..

Resultaron ser Chen Fan (a la izquierda, presentadora del Canal Joven precisamente) y nada menos que uno de los primeros rostros que no tardé en ver en todas partes nada más llegar al país: Wu Dawei, presentador de un programita muy popular, que aparece tanto en la tele como en las pantallas de las estaciones y de los vagones del metro, que se llama "Talk da talk" y que da clases de inglés de tres minutos al viajero, con ejemplos y frases muy prácticas y fáciles de recordar, para ayudar a los jóvenes chinos -y no chinos- a refrescar sus conocimientos de la lengua de T. S. Eliot con un habla más viva y expresiones más bien coloquiales. .

Además de un mago comunicador y muy simpático, David Wu Dawei resultó ser hiperactivo, y en un minuto que estuvimos hablando me contó no sé cuántas cosas, hizo dos bromas, contó hasta tres en castellano y me dijo en perfecto idioma cervantino que quería una cerveza y que en realidad no entendía español..

A veces en este país me pasan cosas tan surrealistas y divertidas que cualquier día me voy a encontrar un elefante en Nanjing Lu....

Al salir hoy del edificio de la tele ya era de noche y llovía, pero a las puertas de la sede de Weihai Lu me esperaba una vista espectacular del vecindario, que no me pude resistir a fotografiar:.
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A estas alturas mis amigos ya reconocéis de sobra, más allá de los perfiles de una barriada pequeña y antigua con algunos shikumen, la diamantada silueta del imponente hotel Marriott de la Plaza del Mañana (明天广场)...

Aprovecho para presentaros los tres logotipos de las principales cadenas de información de SMG con una foto más amplia del aparcamiento...
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En fin, que si Shanghai se pone preciosa por la noche, todavía me enamora más cuando llueve, porque a pesar de la lluvia ácida y de que moverse por la ciudad se hace difícil, la verdad es que se pone guapa profunda y deja una impresión tan honda y brillante como limpia el aire, ahora ya cargado por la humedad pegajosa del verano incipiente (el más rápido en llegar del último siglo, aseguran los especialistas de por aquí)..

En la foto de abajo, justo entre el hotel y el edificio que veréis con el letrero de "Orient Center", aparece la torre principal de SMG en la calle Nanjing Lu, visto desde una esquina que tal vez recordaréis algunos de vosotros que me habéis visitado. La pantalla gigante no se ve desde allí, pero me pareció mejor enseñaros esta imagen para presentaros mi plataforma de hoy con perspectiva, en su entorno natural de mítica avenida..

Debido a una noticia que me sorprendió ayer (esta), hoy he encontrado uno de los poemas más famosos de la dinastía Tang, del Garcilaso chino Li Bai (701-762), conocido por los anglófonos -y antes de la romanización del pinyin- como Li Po. Me parece una buena manera, cargada de cariño, de gusto y de cierta morriña, de daros hoy las buenas noches; la traduzco aquí de la versión en inglés en que la encontré esta mañana, en un libro que guardo desde hace tiempo en casa..

Sobre el papel, en mi edición bilingüe, aparece transcrito con caligrafía antigua y a mano, pero con mi pobreza del idioma no conocía más de la mitad de los caracteres, así que os copio una versión que encontré en la red, ya en chino simplificado y parece que con una palabra de menos en el primer verso, pero creo que fiel, en mandarín moderno, al sentido con que Li Bai debió de escribirlo en su momento. Como comenta el traductor de la edición que un día rescató el poema para entregárnoslo hoy, Arthur Cooper, "esta versión traduce la que todo el mundo conoce, aunque la versión aceptada en las obras Li Po difiere ligeramente. No creo que la diferencia le hubiese molestado: 'el tiempo pinta', tal vez, también en la poesía".


...........夜思 .................Pienso en la noche.
...........床前明月光 ......Ante mi cama brilla la luna
............疑是地上霜 ..... de modo que parece que haya escarcha sobre el suelo.
.............舉頭望明月 ......Al levantar la cabeza, veo la luna brillante.
.............低頭思故鄉 ......Al bajar la cabeza, sueño que estoy en casa..
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martes, 12 de junio de 2007

El tiempo pasa...


Vreme, când vrei să iei drumul cel mai scurt, pe unde apuci?

LUCIAN BLAGA

¡Hola de nuevo!a
a
En esta ciudad tan acelerada, a veces parece que el tiempo se escapa tan deprisa que es imposible verlo: más vale subirse en él y dejarse llevar en sus aguas por el camino más corto, porque resistirse es tan inútil como antinatural. No imagináis cuántos quehaceres y dilemas he venido resolviendo todos estos días de silencio..
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Igual que el tráfico de Shanghai, el tiempo siempre pasa: se comporta como el agua, de manera que encuentra sus resquicios, para escaparse o para llevarte con él, pero nunca se detiene, y hagas lo que hagas, las semanas se te escurren y te empapan como el agua que no aguanta entre los dedos y resbala por los brazos... No sé si el tiempo vuela como dicen, yo a veces más bien siento que el tiempo se me cae..
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Parece que no haya pasado tanto tiempo, que no haya llovido tanto, desde las semanas de abril en que podía escribiros cada ciertos días bien agusto... Últimamente han pasado tantas cosas por aquí que ni podría recogerlas ahora, ni he tenido tiempo físico de ponerme a intentarlo y saludar siquiera. También intenté preparar unas cuantas fotografías de Shanxi para vosotros, pero parece que eso tendrá que esperar todavía más semanas....
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Todos estos días me han traído trabajos por lo general bastante interesantes, pero que me han tenido lejos mes y medio. ¡Qué rápido se escurren las semanas! Tal vez el trabajo me entretenga otro poco todavía, aunque espero regalaros más de vez en cuando en estas noches alguna de las perlas escogidas de estas últimas semanas..
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Volver a escribiros es agradable, y aunque parece que las estaciones marchen más despacio, que no hiciera tanto aún desde que os escribía, en Shanghai hace bastante ya que andamos rondando los 30 grados a diario, con una humedad creciente y la época de lluvias y tifones que ya se avecina..
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Con todo, si en estos momentos hay un indicador para medir el tiempo aquí, en la ciudad más extrovertida de la cambiante China, de la que tanto se dice, lo que hay que observar es sin duda la transformación de los barrios y el crecimiento de los rascacielos emblemáticos, como si se tratara de enormes relojes con un ritmo natural propio, como de árboles y flores..
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Ayer mismo, en mi primer fin de semana verdadero en no sé cuántos, anduve paseando horas y horas en bicicleta con una amiga shanghainesa, y acabamos encontrando la calleja de su infancia..
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No llevaba yo la cámara de fotos, pero no olvidaré jamás aquel contraste violento aunque no nuevo, ya anochecido, entre el lado de su calle ya derruido, donde estuvo una vez su casa, ahí a la izquierda, y las casitas bajas aún en pie, a la derecha. Imaginad una calleja estrecha de pueblo, con casas de dos pisos, de ladrillo y de madera, a ambos lados. Imaginad el paso del tiempo y de la lluvia ácida por sus fachadas, imaginad sus ramas de vid a la puerta, cubiertas de polvo de emisiones carburantes. Imaginad el lado de la izquierda aniquilado por el temblor de las excavadoras, y a la derecha, decrépito y empobrecido, un vecindario de luces tililantes, sucio y a medio derrumbarse, que sigue en pie por cuántos meses..
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Al fondo, en el lado de la izquierda, en el lugar donde un día estuvo la casa de la infancia de mi amiga, se eleva el impoluto edificio anaranjado de una urbanización de lujo, "The Bund Riviera", o alguna fanfarronada semejante. Será el progreso, dicen....
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Las callejas del pequeño barrio aún guardan el sabor de los vecinos, de un pequeño pueblecito autosuficiente, escondido en el corazón de la ciudad inmensa, pero del que no haría falta salir para pensar que es así todo el mundo y llevar una vida tranquila....
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Son ya otros tiempos, claro, al menos en una gran ciudad como esta. El viaje en trasbordador para cruzar el Huangpu, con brisa marina y todo, se me queda en la memoria como una prueba cierta de estos cambios... a un lado la historia, ya cambiada... al otro, el cambio, ya hecho historia antes de que aparten las grúas..
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Tengo que volver y fotografiar todo aquello antes de que el progreso, o la ciudad, o simplemente el tiempo lo devore también....
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Vuelvo a las imágenes. El paso del tiempo se mide aquí en este momento en cómo crecen día tras día los rascacielos. .
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Yo no tenía pensado dejar tanto tiempo en portada el pequeño juguete con truco, que dedico a una persona que lo merece y que sabe quién es, de la entrada anterior, pero si habéis pasado por aquí últimamente tal vez se os haya quedado grabada esa imagen de los dos rascacielos, el más alto y el construcción, que capté una noche..
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Esta mañana volví a pasar por allí, y con un cielo imponente, así encontré la competición entre la torre Jin Mao (a la izuqierda) y el futuro Centro Financiero Mundial (a la derecha), las dos estructuras habitables más altas de China, en una batalla tan reñida que en lo que hacía que no os escribo, el Centro Financiero ha ganado tanto terreno que ya supera los 90 pisos (la Jin Mao tiene 88 pero aún sigue más alta, con su aguja a los 420,5 metros, no sé por cuántos días)..
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Con un poco de distancia, la vista entre los dos titantes era imponente esta mañana, antes de una ligera lluvia...


Con todo, todavía queda bastante por hacer, como se ve a continuación mejor (aunque ahora la perspectiva da a la Jin Mao más ventaja de la que tiene); con el escaparate rascacielero más futurista y orgulloso del planeta aún a medio construir, parece que aún quedan sorpresas por colocar en el horizonte de la ciudad.



Por cierto, como sabéis, la torre de la derecha tendrá uno agujero trapezoidal arriba que la hará inconfundible... tengo la impresión de que están a punto de construirlo. Lo que no sé, más allá de la estética, es si lo habrán puesto... no para que pasen los aviones, como da la tentación de hacer un chiste malvado, sino para que pase Superman, después de que en los días pasados trepase a la Jin Mao el mismo Spiderman en persona. (Claro que al final lo expulsaron del país; ya advirtió una vez un sabio, Morgan Freeman, una vez que pasó por esta Gotham del siglo XXI, que incluso "las actividades de Batman serían ilegales en EE.UU...")..
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En fin, a estas horas sólo puedo preguntarme qué sensación debe de dar subir a Shanghai por la fachada de estas estructuras tan inmensas, tan descomulaes que apenas les debe de quedar hueco alrededor de su estructura para que puedan sostenerse con esa forma, sin embargo, tan fascinante que tienen...


El tiempo pasa, uno se hace viejo del desgaste y tantas cosas, y tal vez le vaya cambiando la expresión en las cuencas de los ojos -que por ahora sigue intensa la mirada-, igual que el rostro de la ciudad evoluciona y cambia con los meses..
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Si hace apenas un paso o dos de la memoria aún estaba yo tan contento de pasear bajo la lluvia y encontrarme a los curris construyendo perfiles urbanos de cine...

Lujiazui, 23 de Noviembre de 2006 .
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...esta mañana me acordé de todo aquello como si apenas hubiera pasado un momento, con todo lo que habrá pasado enmedio:.
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Lujiazui, esta mañana...
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En fin, aunque pase el tiempo, con el aire después de la leve lluvia y el verano cada vez más consciente en las manos, uno rejuvenece de agua fresca y se siente algo más limpio después de estas semanas de duro trabajo, aunque las siguientes se prometen parecidas..
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Ya que empecé escribiendo hoy con un recuerdo de Lucian Blaga, el poeta "mudo como un cisne", de una etapa de mi vida en que aprendí a disfrutar los días al paso, en sus placeres más sencillos -entre otros tesoros como un pequeño beso de su lengua mágica-, espero que me perdonéis que os dé las buenas noches con los versos finales de su famoso Autorretrato:.
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El caută apa din care bea curcubeul.............Él busca el agua de la que bebe el arcoiris.
El caută apa.................Busca el agua
din care curcubeul............de la que el arcoriris
îşi bea frumuseţea şi nefiinţa. ............se bebe la belleza y la inexistencia. .
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lunes, 21 de mayo de 2007

Shanghai en un espejo por la noche


Pasas las noches desnuda, sentada,
asesinando mentiras ajenas,
rumias heridas pasadas, y apenas
alzas la vista, que vistes de nada.

Wolframio gris, dura, densa, agotada,
aunque te escondes, no tienes cadenas,
nunca la lluvia se fue de tus venas:
guardas la luz, pero el tiempo te espada.

Blanca mujer, que desde tu ventana
andas caminos, robando a la altura
oscuridades de ayer y mañana

y al descubrir que la arena se apura,
íntima, inmensa, pronuncias tu aliento:
nunca te calles, y lleva en el viento

grandes verdades por arboladura.

Fotografías: arriba, la Torre Jin Mao (金茂大厦), de 88 pisos, y las obras del Centro Financiero Internacional Shanghai Hills, que tendrá 101; abajo, la Torre Perla de Oriente (东方明珠), en la mañana de primavera del jueves pasado.



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martes, 8 de mayo de 2007

De vuelta de Shanxi


¡Hola a todos de nuevo!-
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Es un gusto volver a escribiros, aunque sea tan poco y a estas horas. Hace días que una montaña de trabajo no me permite deciros que ya estamos de vuelta del Oeste de las Montañas, la interesante provincia de Shanxi (山西), cuna de la civilización china, y hoy una de las regiones más pobres del país, corazón de la minería carbonera china y triste acaparadora de varias de las ciudades más contaminadas del mundo, entre ellas Datong (大同), que marcó la primera etapa de nuestro viaje.-
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Intentaré escribiros en los días sucesivos de las maravillas que, en medio de aquella provincia gris, sucia de densas emisiones de polvo duro y negro, horadada de minas, saturada de almacenes de carbón y de centrales térmicas, fuimos descubriendo como quien sobrevive viajando de oasis en oasis a través del desierto. Con todo, comprobaréis por qué las maravillas de Shanxi de verdad que son maravillosas, y cómo tanto lo que encontramos al norte, alrededor de Datong, como la preciosa ciudad de Pingyao (平遥), enclavada más al sur con su muralla Ming y sus templos, avenidas y callejas antiguas de los tiempos de los Ming y los Qing, nos dejaron en en el alma unos recuerdos casi a fuego para el resto de lecturas que queramos regalarle a nuestra memoria.-
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No os contaré mucho más esta vez, que os escribo robándole a la madrugada, pero os envío por lo menos un par de vídeos con una de las delicias por las que los chinos más reconocen a Shanxi: por su comida.-
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Los fideos chinos tal y como se conocen son famosos preparados al estilo de Shanxi. No os explicaré nada ahora, pero podéis cómo se cortan los fideos de la masa (vídeo de abajo), y cómo se les da la forma y se cocina (arriba, entre otras anécdotas), en las dos grabaciones de hoy, que les debemos a los simpáticos cocineros de un pequeño restaurante que había en una calleja no muy lejos de la estación de ferrocarril de Datong, en la noche del sábado 28 de abril. Fue la mejor cena que nos dimos en el viaje, y nos despachamos bien agusto en nuestro hostal: fideos de Shanxi acompañados con yangrouchuanr... (羊肉串). ¡Sólo de acordarme ya me dan ganas de ir a viajar otra vez!-
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miércoles, 25 de abril de 2007

Luces de la ciudad

Lujiazui visto desde el Waitan, el pasado jueves 19 por la tarde.

¡Hola a todos!

Cómo pasa el tiempo, cómo pasan los días, un poco de trabajo que se acumule de más, y las fechas vuelan sin que le quede a uno apenas tiempo para uno mismo. Ni para vosotros. Hay que estar vacunado contra las agendas para limpiarse con la noche de todo su veneno con que nos envuelven. Así que me doy por fin un respiro antes de acostarme, para enviaros algunas de las imágenes más bonitas que me ha dado Shanghai en los últimos días.

Esta Perla de Oriente es una ciudad maravillosa, es una chica guapa de metrópoli en sí misma, sólo que entre la humedad, la neblina y la persistente contaminación, en ocasiones se afea, se esconde, se marchita, se vuelve casi irrespirable (aunque la polución tiene la ironía de que llega a dar también atardeceres bellísimos).

Una vez oí decir de Chicago, que aunque Shanghai sea la Nueva York de China, siempre me imaginé Chicago como la Shanghai de los Estados Unidos... decía el dicho popular de la ciudad americana: "si no te gusta el tiempo de Chicago... espera una hora". Aquí en Villamar no es que sea la cosa para tanto, pero poco le falta, y con esperar medio día el tiempo puede haber dado la vuelta un par de veces.

Desde la última ocasión en que hablamos ha llovido en distintos turnos, y luego hizo un sol limpísimo como pocas veces, resplandeciente y de aire fresco y cielo azul azul azul. La ciudad se pone preciosa en esas ocasiones, descubres que los grises edificios de cristales tienen aristas brillantes, y un volumen y una belleza física y tangible, en sus reflejos y en sus hipnóticas formas, de una arquitectura tan extravagante como futurista y orgullosa, que te das cuenta de que no sólo es una ciudad bonita de noche, con su feminísimo maquillaje de neones y diodos, sino que las luces naturales de la ciudad le dan una presencia maravillosa. Es como si de verlo todo en una neblina sucia y gris, que tiende a aplanar toda perspectiva y la deja casi en dos dimensiones, con un horizonte difuso y feo, de pronto descubrieras que la realidad tiene una medida más, tres dimensiones, con muchísima energía y además bajo un sol brillante.

Lo que descubre uno entonces es que Shanghai está llena de sorpresas y de detalles desconocidos, y de que las luces de la ciudad son incluso más maravillosas antes de caer la noche...


Las dos fotografías que os muestro ahora son la prueba de este amor entre la luz y la ciudad que, a pesar de todas las industrias, traspasa los días y, cuando ha llovido lo suficiente, permite que el milagro se produzca y que se besen, con dulzura y maravilla, el cielo natural y omnipotente y el inmenso meandro, acicalado y femenino, de este vasto hormiguero de hombres entre los que vivo.

Como véis, poco antes de ponerse el sol, los reflejos de la luz tienen la inclinación perfecta para que no sólo se vayan iluminando, por orden, todas las bolitas de cristal rosa de la torre de televisión -y mirador, la más alta de Asia- Perla de Oriente, que véis en el futurista distrito financiero de Lujiazui (陆家嘴) a la izquierda, en la primera foto (es ya Pudong, 浦东,la orilla este del río, como sabéis). Además el sol llega tan perfecto que el azul y el dorado de varios edificios emblemáticos se refleja en las aguas del río Huangpu (黄浦江), y el resultado es tan sutil y de una poesía que no se puede recoger con palabras... Me encantó que estuviera ahí esa pareja de la imagen de arriba, es la metáfora perfecta, es la luz desnuda de Shanghai cuando está limpia. Deslumbra y enamora.

Con todo, minutos después de la iluminación, cosas del tiempo, cayó el atardecer y, entre el surco de las barcazas y la sirena de los buques a lo lejos, con él vino la noche.

A pesar de todo lo que os acabo de contar, y de lo maravillosa que descubre uno a Shanghai en los días que vienen después de la lluvia, lo más habitual es encontrarla cargada y polvorienta, sucia de emisiones carbónicas, cansada, gris, neblinosa y en ocasiones irrespirable. Así ocurrió por ejemplo este fin de semana, pero por suerte ayer mismo volvió a llover fuerte y hoy el aire volvía a estar limpio. Veremos mañana.

Casi todas las ciudades tienen un encanto especial cuando llueve. Esta, a pesar de lo que acabo de contar, y de lo maravillosa que la descubre uno cuando está desnudada por la lluvia, no sólo es un ejemplo clarísimo y seductor, sino que sean cuales sean las condiciones del cielo, casi todo el mundo que la visita coincide en que cuando se vuelve espectacular es por la noche.

En Europa no estamos acostumbrados al derroche de luces, neones, focos y millones de diodos intermitentes y coloridos con que se adornan y se prestigian los edificios más orgullosos de China. Es así, y en la medida en que las arcas lo permitan, diría que en casi todas las arcas del país. Allí donde haya un restaurante o un hotel, o un club de picos pardos con ciertos aires de distinción, no faltarán los letreros luminosos ni los miles de diodos. (El año pasado llegué a comprobar que hasta las carreteras de Luoyang, la milenaria capital imperial, hoy una ciudad provinciana encajada en la provincia de Henan, pretendían iluminarse con deslumbrantes paneles de color rojo en los costados, y hasta habían elevado una antena iluminada que recordaba vagamente a la Perla de Oriente del Pudong shanghainés... pero con todo, si hay una ciudad rica, orgullosa y luminosa por la noche en este país, ni tuvo ni tiene rival la Shanghai heredera de sus míticos años treinta de mujer fatal y lugar de perdición).

En la Plaza del Pueblo, al borde de donde los ingleses erigían la inmensa explanada colonial para su hipódromo británico, se veía así el domingo, bajo la lluvia y recién caída la noche, la torre Shimao que ya conocéis, 66 plantas y dos cuernecitos para este eficio-cabra de cristal que es sin duda el más alto de todo Puxi, mi lado del río, el centro histórico, al oeste del Huangpu.


Mirando hacia mi derecha, se llega hacia la que llaman nada menos que la Plaza del Mañana (明天广场), donde se erige el imponente edificio del mismo nombre, Tomorrow Plaza, en inglés, que alberga no sólo el hotel Marriott sino esa enorme e inolvidable silueta que habéis visto en bastantes ocasiones desde mi ventana.


Es muy curioso este edificio porque, con su punta de diamante y la esfera que contiene en el centro, en el techo, pretende representar un dragón con su perla, pero muchos susceptibles chinos, como la torre fue construida con capital japonés, se empeñaron en ver en él un "puñal que atraviesa el corazón de China" (!) y por lo visto montaron una polémica que oí que casi paraliza el proyecto, que se inauguró pocos meses antes de que yo empezara a vivir en el barrio.

Os pongo también esta fotografía, en la que se perciben los verdes y reconocibles anuncios de refresco que recorren toda Nanjing Dong Lu (南京东路) hasta llegar al Waitan (外滩), porque el domingo me reuní en esa torre con una artista en el lujosísimo recibidor del hotel, que se encuentra nada menos que en el piso 38 de esta mole, que tiene creo que 56, si no me falla la memoria.

Desde allá en lo alto, con piano de media cola y de estudiante en vivo, y dado que todavía veo complicado lo de darme el gusto de recorrer mi ciudad amada en helicóptero por la noche, me pude regalar unos momentos de contemplar desde arriba esa inmensidad tantísimas veces recorrida que es la Plaza del Pueblo (人民广场).


Se trata de un lugar inmenso, del que sólo os muestro una mitad. La zona era un circuito baldío para carreras de caballos hasta 1956, cuando los comunistas se hartaron del capricho británico y alzaron allí la Plaza del Pueblo, que no empezó a tomar el esplendor de hoy hasta finales de los años ochenta.

En primer plano, cortado, está el Gran Teatro de Shanghai, un frutero futurista y enorme construido en los noventa, donde se celebra entre otras cosas, en junio, la gala del Festival Internacional de Cine de Shanghai.

El edificio grande y blanco que brilla a la izquierda es el Ayuntamiento, con la forma típica, entre funcionarial y majestuosa, que tienen todos los ayuntamientos que he visto en el este de China, que parecen sacados del mismo molde, aunque diría que algo más pequeñitos que este.

El edificio redondo que véis en medio, y que imita la estructura de un pote de bronce antiquísimo que guarda dentro, es el Museo de Shanghai, dicen que el museo de arte chino con las mejores y más completas colecciones del país. Es estupendo, del bronce antiguo a cerámicas de todas las dinastías, de la caligrafía a las máscaras de madera más fascinantes que he podido ver por aquí. Y es que ya sólo verlo por fuera es como contemplar una obra de arte.


Frente a él véis un parque con unas fuentes... Por ahí cerca está el Parque del Pueblo (人民公园), una pequeña delicia de paz en el corazón de la ciudad, aunque no sale en la foto. En la zona que véis se suelen juntar niños, parejas, ancianitos, palomas y muchos aficionados a las cometas. Es un bonito lugar para pasear.

Algo más allá del museo se ve otro edificio pequeño, justo antes de las pantallas de televisión gigantes de los rascacielos del fondo. Se trata del Auditorio de Música de Shanghai (上海音乐厅), que en los años treinta era el mejor cine de la ciudad (incluso vi una foto de la época con los carteles anunciando la película Tarzán), y que ahora es el auditorio, un edificio precioso que, oh curiosidad, hace pocos años fue trasladado hacia el este, hacia el fondo de la foto, unos sesenta metros, para permitir construir la carretera elevada que véis, que tiene una de las mejores vistas de la ciudad (sobre todo al llegar al Waitan, donde hace una curva paralela al río, a los rascacielos y a los edificios coloniales, que hasta los coches ralentizan para contemplarlo y hacer fotos; sale en una toma inolvidable de la película Balzac y la joven costurera china). ¿Que cómo lo trasladaron? Lo elevaron en el aire con una grúa y lo movieron lentamente durante meses, hasta dejarlo en su posición actual. Si os contara la locura que se ha llegado a proponer con esa tecnología alucianríais...

Sin embargo por hoy se me hace tarde y la noche ya ha caído densa con su cuarto de luna. Me acuesto con el sabor en el ánimo de haberos enseñado con cariño el secreto más bello de mi ciudad amada, que es como darle un beso a una mujer especial que nos dejase verla a solas presumiendo con el traje que mejor le sienta: a mi Shanghai, las luces.

jueves, 19 de abril de 2007

Stradivarius en China

Yang Zhang, estudiante destacado del Conservatorio de Shanghai, toca una partita de Bach en un violín Stradivari de 1730.

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¡Hola a todos! ¡Es cierto! ¡Stradivarius en China!
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Creo que es la primera vez que ocurre, o al menos la primera vez que vienen tantos, es algo inaudito en este país: casi cincuenta instrumentos originales, entre ellos un montón del siglo XVIII y bastantes del XIX, han sido reunidos en Shanghai y permanecerán aquí sólo hasta el fin de semana. Entre ellos hay dos de Antonio Stradivari, de 1692 y 1730, este segundo brillantísimo, hay también tres de la familia Guarneri, en concreto uno precioso de Guarneri del Gesu de 1741, al parecer una rareza, en perfecto estado y con un sonido muy vivo y cantor, y además hay dos Montagnana, varios Guadagnini, y un montón de instrumentos posteriores italianos, franceses, alemanes e ingleses, así como una colección de arcos franceses del siglo XIX.-
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-¿Qué significa todo esto, aparte de un baño de placeres para quien os escribe, que tanto echa de menos el acceso a la cultura y a la música que se respira en las ciudades europeas? Significa para los músicos chinos, estudiantes, profesores, constructores de violines, una oportunidad única para escuchar en vivo e incluso tocar con sus propias manos, además de reliquias históricas, algunos instrumentos de los mejores talleres que han existido en Europa. Para casi todos ellos se trata de su primera oportunidad en la vida.
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Es cierto que en la sala de conciertos He Luting, del Conservatorio de Shanghai, no parecía haber tanta gente cuando alguno de sus mejores estudiantes, premiados en concursos internacionales, se daban el gustazo de probar ante los asistentes las posibilidades de riqueza sonora que podían dar aquellos objetos de tres siglos que habían reunido a todo, pero durante varias horas siempre vi al menos a una veintena de personas.


Y es que en el mayor productor mundial de violines, especialistas en instrumentos para estudiantes (precio inmejorable y calidad suficiente, cada día más perfecta), la cultura europea, con todo lo de universal que tiene, queda, con todo, algo lejana, y hasta ahora nadie, que yo sepa, se había interesado o atrevido a llevar joyas como estas a un país donde son todavía tan desconocidas.

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El mérito se lo lleva un señor muy agradable, taiwanés, que se llama Chung Dai-Ting y que al parecer tiene en Tainan (台南) una importante colección de instrumentos antiguos, que acaba de abrir una tienda en Shanghai y que ha convencido a nada menos que cinco importantes luthieres europeos para que le presten aquí sus joyas por una semana. ¿El resultado?

Hay quien alucina y se entusiasma con la experiencia, hay quien observa con algo más de aparente indiferencia, hay entre el público quien no se da cuenta de cómo está sonando en realidad lo que tiene delante, pero en general todo el mundo siente que con esta exposición habrá, como me dijo hoy un destacado profesor del conservatorio, "un antes y un después" tanto en la construcción de violines en China como en el interés de los estudiantes por los instrumentos originales (algo totalmente desconocido aquí, por no hablar de lo lejos que están de la corriente historicista por la música antigua que está renaciendo ahora en los círculos europeos).

Los luthieres extranjeros, por su parte, comentan que los chinos son tremendos, que les impresiona el talento que tienen para aprender y asimilar tantas cosas nuevas en poco tiempo, y aseguran que los próximos años darán lugar a violinistas excelentes y virtuosísimos que alcanzarán fama mundial... No me extraña, con toda la presión de la competitividad china, la firmeza del sistema educativo, hasta donde sé, y sólo con pensar que, solamente en Shanghai, hay al menos 10.000 estudiantes sólo de violín en estos momentos... digamos que el interés por la música y la cultura, aunque va a su ritmo, está despegando -un ritmo de proporciones y características chinas, desde luego.-

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Eso se nota hasta en la actitud de la gente. Si hace sólo dos años, en la misma sala He Luting, me quedaba pasmado sin saber qué hacer durante un concierto de Badura-Skoda, que tocaba, ya anciano pero vibrante y limpísimo, la última sonata de Beethoven mientras a mi lado un adolescente pasaba ruidosamente las páginas de una revista y abría sin contemplaciones la protección de plástico del disco que se habría comprado en la puerta, hoy sentí en todo el mundo, jóvenes y adultos, un profundo respeto por los instrumentos y por la música.

No era para menos, entre aquellas pareces estábamos con algunos tesoros que habían visto y hecho vibrar a tantos músicos y aficionados antes de que existiéramos nosotros...

Por ejemplo, el Stradivarius de 1730 de la primera fotografía, que tocaba el estudiante shanghainés, perteneció en su día a Jenö Hubay (1858-1937), un Paganini húngaro hasta donde sé, que he podido encontrar retratado en una imagen de 1912.

Jenö Hubay, retratado junto con su Stradivarius de 1730, el día de un concierto de gala que dio en 1912.

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El estudiante Yang Zhang tocando el Stradivarius, construido en Cremona en 1730, esta tarde.

-Tanta fascinación me produce contemplar con mis propios ojos y fotografiar el mismo objeto que encontramos, ya como una antigüedad, en la imagen de Hubay que tenemos arriba, que no me pude resistir a retratarme a propósito con ese brillantísimo Stradivarius. Espero que os guste el juego que hago con las manos en la foto...

También hice lo mismo con el otro violín que pude escuchar esta tarde, el llamado "Sainton", no sé por qué, de Guarneri del Gesu, de 1741, aunque en esta ocasión más deprisa y pensando más bien que la imagen me serviría para otras cuestiones más profesionales.


El principal Guarneri, cuya familia de constructores es también una de las más importantes de la historia, llamó mucho la atención entre quienes estaban allí hoy, que lo miraron y lo examinaron por todas partes, poco antes de que otro estudiante, un joven prodigio de aire introvertido, llamado Xiang Yu, nos diera el gustazo de oírlo sonar.

A continuación el propio Chung Dai-Ting guardó el instrumento ante la admiración de todos...


Después de escuchar un poco, aproveché la escapada para visitar al profesor Hua Tianren, vicepresidente del conservatorio, que me enseñó con muchísima amabilidad y me pareció que verdadero placer un pequeño taller artesanal de fabricación de violines que tenían montado en una habitación sobre la azotea de unos de los edificios, un lugar de lo más inspirador.
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Hua, un personaje interesante que estudió en Alemania, tímido pero ágil conversador, me mostró cómo los diez alumnos matriculados en construcción de violines se habían leído todos los tratados europeos desde el clasicismo y construían todo a mano, hasta los barnices conseguidos por sus medios mediante pigmentos naturales, y trataban de imitar los métodos de construcción de Stradivari, los Guarneri, Montagnana y compañía... sin haberlos visto nunca más que en los libros ni escuchado más que por grabaciones. Os podéis imaginar lo que la exposición que os estoy contando significa para ellos...
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Aquí Hua me enseña cómo son los moldes originales para construir a partir de ellos y en el tamaño apropiado cada instrumento. Dice que él ya sabe terminar un violín que sirva para tocar de manera profesional en 250 horas, pero que los alumnos necesitan bastante más.
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Desde luego parece que le ponen bastante empeño, aunque quedó muy gracioso cuando, en medio de una conversación sobre la sonoridad y los barnices y sobre lo que les interesaba todo aquello, a uno de los alumnos más jóvenes le sonó el teléfono con una de las melodías de pop chino más machaconas...
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Con todo, si la visita al taller fue una gozada, además me tenían reservada una sorpresa. Los alumnos no sólo construyen, también tocan, como debe ser, y uno de ellos, Bu He, de etnia mongola y nativo de Hohhot (Mongolia Interior, al norte de China), se había construido un instrumento nómada típico de su región, de dos cuerdas, llamado matouqi (马头器, léase "ma-tou-chí", o instrumento de cabeza de caballo, como lo traduciría yo por mi cuenta y riesgo). Se trata de una especie de viola china de dos cuerdas, como el erhu (二胡), pero bastante más sólido y sofisticado, con guresas cuerdas de crines, mayor tamaño y una caja de resonancia con la forma que véis, que recoge la influencia de otros instrumentos árabes de Asia Central, y que Bu decoró con una preciosa cabeza de caballo y "dos peces" de inspiración occidental como bocas del cuerpo del matouqi.
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No entiendo de música mongola más allá del sentido común, pero me pareció que tocaba con gusto, con un sonido bastante limpio y de una manera muy pura. Fue toda una gozada para mí haber visitado hoy aquella clase taller tan artesanal y en contacto con la historia y con la vida, tan antigua y tan joven, tan profundamente interesante...


Al salir a la calle Fuxing Zhong Lu, que da a la parte de atrás del conservatorio, ese conjunto de edificios al que le tengo tanto cariño porque en su residencia de músicos viví, como un refugiado oculto entre los estudiantes, mis primeros días de descubrimiento de esta ciudad inmensa, todo parecía impregnado de una armonía intangible pero claramente existente.

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Tal vez soy sólo yo, pero "Shanghai está llena de cosas interesantísimas por descubrir", me había dicho cómplice y alegremente el profesor Hua cuando nos despedíamos. Efectivamente, pensé, cada cual avanza por la vida cargado de sus propias pasiones, pesares y cosas, cada uno con su historia, sus circunstancias y sus sueños, pero en ocasiones se intuye en lo que existe como una sensación poética, tan vaporosa e imprecisa como evidente e intensa, que da la sensación de que todo esté entretejido en una relación cuya perspectiva total se nos escapa... es inabarcable como la buena música, como las buenas construcciones y los buenos instrumentos, tan perfectos que no entendemos del todo cómo fuimos capaces de llegar a hacerlos. Y, sin embargo, queriendo avanzar y avanzado, ¡llegamos!
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