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viernes, 10 de agosto de 2007

Cortesía de un tifón

Desde mi ventana, esta mañana.
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¡Qué tiempo espectacular lleva haciendo Shanghai estos días!
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Y todo es cortesía de los tifones, que tradicionalmente le hacen la vida imposible a la gente de las provincias vecinas por el sur, Zhejiang y Fujian, y que suelen limpiar la atmósfera casi siempre neblinosa y sucia de Shanghai, que brilla al sol como pocas veces al año nos regalan la primavera y el verano...

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En esta ocasión llevábamos todo el verano sin tifones, lo que nos había provocado un efecto invernadero propio que nos venía calentando con una ola de calor de casi un mes, en la que sufrimos la temperatura más alta de la ciudad en más de 60 años (casi 40 grados con no quiero ni pensar qué niveles de humedad)... hasta que por fin llegó el regalo, y la cercanía del tifón Pabuk ha limpiado los cielos de Shanghai, y ha dado a esta ciudad una bóveda tan brillante y hermosa como muy pocas veces he visto en este país (tal vez en Yunnan) y como empieza a costarme ya recordar de España y de otros lugares de Europa.

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Esta entrada de hoy se va a acabar pareciendo, casi sin querer, a la famosa serie de preciosidades impresionistas de Monet sobre la catedral de Rouen, pero es que os he preparado una colección de imágenes para que os hagáis idea de los cielos increíbles que estamos teniendo estos días, que me tienen encantadísimo y de buen humor todo el día, ¡qué bonita manera de dar la bienvenida a las vacaciones!

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Ayer al atardecer.
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... Ayer al atardecer, con una clara brisa que movió las nubes todo eso en menos de un minuto.

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Y todo esto después de estar días y días envueltos en un bochorno que no dejaba pasar la luz del sol casi, salvo el fin de semana en que vino ChinoChano, que les hizo algo mejor, si recuerdo bien, días durante semanas en que, poco antes de caer la tarde, la humedad cargaba tan denso los cielos que se acababa descargando con todo su peso mientras preparaba otra noche de altas temperaturas.

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Hace algunos días acabó por llover de lo lindo, no sé si tendría algo que ver con el tifón salvador, pero el cielo, a su manera, también se puso impresionante:

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Por supuesto, esto hizo el trabajo y la vida diaria más fresca pero también más difícil, ya que moverse por la ciudad es lento, pesado y a veces hasta arriesgado, y parece que todo en la calle se complica.

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Entre las dos fotos anteriores hay pocos segundos, son parte de la misma sesión. Aunque nos sentó de maravilla, porque luego nos dio un cielo tan precioso como este:
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Seguro que después de tanta imagen ya os habéis dado cuenta de todo lo que ha crecido en las últimas semanas el Centro Financiero Internacional Shanghai Hills, que le está ganando a la Jin Mao ya en altura, y que debe de andar cerca de los 100 pisos ya, porque se ve a kilómetros (mi casa estará a 6 ó 7 kilómetros de allí) que ya están construyendo el famoso agujerito trapezoidal que va a tener.
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Qué maravilla de la técnica humana, cómo puede cambiar tanto el paisaje de esta ciudad en tan poco tiempo, si aún recuerdo cuando empecé a vivir en esta casa, cuando ni las antenas de la Shimao estaban terminadas, lo altísimo que me parecía entonces el perfil de la torre Jin Mao, y ahora ahí se queda, en apariencia tan chiquitita junto a las obras cada vez más altas del nuevo coloso.
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Si a todo esto le sumamos el mejor momento del verano, que nos está dando estos días un cielo como este, mirar por mi ventana es uno de los regalos cotidianos más agradables que tiene mi vida diaria... claro que sólo lo hago muy temprano con el desayuno, o ya de noche pensando, pero de veras que sienta bien. Aquí va una foto con la luz impresionante que teníamos ayer por la mañana: paisajes así son los que le enamoran a uno más que nunca de la ciudad donde vive.
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A pesar de las sombras, como sabéis, mis torres sólo tienen una treintena de pisos, aunque queden tan espectaculares tapando la luz del sol matinal que acaricia al vecino xiaoqu (小区), que espero que le queden muchos años, porque me encanta y ya es el único que ha sobrevivido en los alrededores de mi barrio... De esto os tengo que contar otro día.
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Hoy hablamos del sol y la luz y del cielo, y del lado más bonito del desarrollo cuando intenta tocarlo. Aquí va la foto en detalle que estábais deseando, tomada hace tres días, para que podáis ver cómo van las obras de la carrera entre las dos torres:
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Retened esta imagen, porque dentro de un mes pueden estar todavía mucho más avanzadas...
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En fin, atardece y uno tiene que hacer las maletas; la noche en Shanghai también trae un verano precioso, mirad cómo, puesto ya el sol, se veía mi pueblo en la tarde de ayer:
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"Verano, violín rojo, / nube clara, / un zumbido / de sierra / o de cigarra / te precede, / el cielo / abovedado, / liso, luciente como / un ojo, / y bajo su mirada, / verano, / pez del cielo / infinito (...)", comenzaba su Oda al verano Pablo Neruda, también dentro de las Odas elementales que hemos compartido a veces.
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¡Oh verano, verano! Tú que -cuando no aprietas- alegras tanto el cielo como la vista de los hombres, ¡qué guapas están las chinas a veces, luciendo sus brazos delgados, luciendo sus largas piernas de músculos pequeños y piel como de arena fina! Qué guapas luciendo su cara, su cuello, sus hombros, sus pies y sus finos tobillos y su alegría de sentirse guapas y tranquilas en la calle, cuando refresca la noche. La verdad es que el verano, cuando puede disfrutarse, también es una gozada. Aquí os lo retrato en una nocha en los Jardines Yu Yuan (玉元公园), donde se ven en lo oscuro también nuestras torres.
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Esa mezcla de tradición y modernidad, ¿qué es en China, qué somos nosotros también, sino eso?
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Aquí va otra imagen, tomada desde un taxi, de Lujiazui (陆家嘴), en la zona financiera,hará como tres noches...
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¡Hasta los túneles se me aparecen maravillosos cuando el mundo nos regala esta luz! Qué pasión de días, señores.
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Entretanto, China poniéndose guapa, y en el taxi anteayer daban, por la tele, retransmitido en directo por CCTV-1, la ceremonia de celebración de que quedaban 365 días para los Juegos Olímpicos de Pekín. ¡Cómo pasa el tiempo! Y qué ganas me dieron de volver a ver el simbólico centro de Pekín...
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En fin, por cortesía del tifón, estos últimos días hasta las zonas más insulsas del barrio se pusieron guapas:
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Ya lo véis, amigos, esa es la importancia de tener un cielo limpio. A los que no vivís en China lo que digo os sonará un poquito extraño, tal vez, o exagerado, pero a mí este tifón me ha hecho sentir como nunca qué importante es poder mantener esa calidad de vida, y poder darse el lujo de asomarse a pensar a la ventana y... disfrutar respirando.
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lunes, 23 de julio de 2007

Tierra viva en directo


La esfera superior de la Torre Perla de Oriente, durante la noche del concierto Live Earth de Shanghai, a cuyos pies se celebró, con tres horas de música, el pasado 7 de Julio.
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Hola de nuevo a todos.

Hace bastantes días que quería contaros aquí el paso por Shanghai de una interesante iniciaciativa ecologista de intenciones planetarias (aunque uno sabe que luego estas cosas apenas llegan sólo a los más ricos de este mundo, pero tal vez en este caso sea eso lo importante).
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Seguramente hace algunas semanas habéis oído hablar de la serie de conciertos Live Earth, una idea para la difusión de mensajes de alerta sobre el cambio climático que YA se está produciendo, y sobre qué podemos hacer, con el apoyo de estrellas de la música. Los conciertos, cuyo nombre en inglés hacen el juego de palabras de significar a la vez Tierra viva y La Tierra en directo, fueron en nueve ciudades del planeta, que durante 24 horas se fueron turnando en una jornada ininterrumpida de música, que pasó de Sydney a Tokio, de allí a Shanghai, que vivió el más pequeño y controladito de todos, y a continuación la llama de la música y la voz de los artistas pasó por Johannesburgo, Hamburgo, Londres, Washington, Nueva York y Río de Janeiro.


No os repetiré ahora lo que tal vez en su día pudísteis leer en la prensa (sobre todos los conciertos en general encontraréis un buen resumen pinchando por ejemplo aquí, y sobre el de Shanghai en concreto otro texto con todos los detalles entrando aquí). Con todo, me gustaría dejaros aquí algunas fotos y, sobre todo, algunos pensamientos para transmitir las ideas más importantes de la iniciativa que, aunque vengan apoyada por un Al Gore que ahora predica tanto y de quien no recuerdo que hiciera nada por el medio ambiente cuando fue vicepresidente de Estados Unidos, me parece que vale la pena que reciba toda la publicidad posible.
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Empezaré contándoos una pregunta que desde hace mucho tiempo me había hecho, después de haber surcado unas cuantas veces, en distintas épocas del año y con bastantes meses de distancia, los cielos de China.

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¿Por qué me parece, también desde arriba, el cielo chino siempre tan sucio y tan gris, con una neblina que, será acaso por casualidad, casi siempre me impide ver con claridad, hasta en los días despejados de nubes, la superficie inmensa de este país enorme?


He visto el suelo chino desde aviones en montones de provincias, y en mi memoria diría que, salvo Xinjiang, el edén de Yunnan y lo que creo que era parte de Mongolia Interior, siempre he encontrado la misma neblina entre mi curiosidad y el paisaje, y siempre con la misma duda, de si sería casualidad que pasaba yo en un día de niebla o tormentas de polvo, o de si es que el cielo chino está de veras tan cargado de emisiones, que se nota hasta a miles de metros de altura cuándo ya ha entrado uno en el país.


Hace pocos días, esta fotografía de la NASA, que encontré en el diario británico The Guardian, me dio una respuesta sobrecogedora:.
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La imagen, tomada desde un satélite para el Observatorio de la Tierra de la agencia espacial estadounidense, muestra "una neblina de contaminación sobre parte de China, causada por la dependencia del país en el carbón", según el periódico londinense.
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Si ya tenía ganas de escribiros aquí sobre el mensaje que venía detrás de aquellos conciertos, esta fotografía me empujó a desearlo contar cuanto antes. (Es cierto que si buscáis en el portal oficial de Live Earth es casi más fácil encontrar ideas vendibles sobre lo fantástico y de moda que es ser ecologista, apoyando la idea junto con tus artistas favoritos, que mensajes concretos sobre los efectos del cambio climático, pero también aparecen ideas sobre cómo se puede contribuir a no empeorar la situación del planeta... con pequeños gestos que son responsabilidad de las grandes masas de consumidores, es decir, de cada uno de todos nosotros. Me pareció interesante y quisiera compartirlo con vosotros).
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Cosas que se pueden hacer:
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-EL AIRE ACONDICIONADO. Poner el aire acondicionado un solo grado más alto de lo que solamos hacerlo, puede ahorrar hasta un 3% el costo energético que estemos suponiendo para la red eléctrica. (En Shanghai sin ir más lejos la semana pasada hubo un gran apagón en tres distritos, porque tuvimos casi 39ºC con cerca de un 80% de humedad, y de tanto tirar del aire acondicionado, que está en cada casa por pobre que sea, y en los inmensos pisos se ven en las ventanas como complemento constante de las infitintas colmenitas, se acabó yendo la luz por sobrecarga. Esto en una ciudad que en verano obliga a cientos de empresas a producir sólo de noche, precisamente por el mismo problema, y donde la ley local prohíbe en los centros públicos poner el aire acondicionado por debajo de 26ºC... Hay tal falta de educación ambiental que en restaurantes o taxis uno se puede encontrar con temperaturas que sientan a diez o más grados menos que en la calle, lo que irónicamente hace de esta época de lluvias subtropicales y calores pegajosos -con 45ºC en el termómetro de mi ventana puesta al sol, esta mañana- una época de verdaderos constipados... No tiene sentido, ¿verdad?).
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-BOMBILLAS DE BAJO CONSUMO. Utilizar estas luces fluorescentes compactas, como las llaman en inglés, hace que nos duren 10 veces más, y además ahorramos con ellas un montón de energía. Y dinerito que nos ahorramos. Además, si sólo un millón de hogares reemplazasen cuatro de sus bombillas tradicionales por las de bajo consumo, emitiríamos 900.000 toneladas menos de gases que provocan efecto invernadero.
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-PASARNOS A LA ENERGÍA SOLAR. No es una idea tan loca, sobre todo en hogares de nueva construcción, que de eso en España y en China sabemos un rato largo... Dicen los organizadores -en China lo de Live Earth viene apoyado por la ONU- que si sólo un millón de hogares tomasen su energía sólo de la placas solares, las emisiones mundiales de dióxido de carbono disminuirían en 7 millones de toneladas anuales.
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-REUTILIZAR LAS BOTELLAS Y ENVASES DE PLÁSTICO. Cada año se destina millón y medio de productos plásticos -derivados químicos del petróleo, hasta donde sé- a la producción de botellas...
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-REDUCIR LA BASURA. Y eso se hace eligiendo los productos que consumes, los embalajes, qué apoyas con tu compra y qué no, y qué compras que es necesario y qué no... Si sólo un millón de personas redujesen su aportación de basura diaria en un 10%, disminurían las emsiones anuales de CO2 en 50.000 toneladas anuales.
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-LAVAR EN AGUA FRÍA y limitar el consumo de agua, preciado tesoro, siguiendo el sentido común...
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-RECICLAR PAPEL. Cada tonelada de papel reciclado ahorra suficiente energía como para suministrar electricidad a una casa de tres habitaciones durante todo un año.
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-PLANTAR BAMBÚ. No es una broma por estar escribiendo desde China: aunque parezca mentira si vemos la provincia bambusera de Sichuan en la foto espacial de arriba, el bambú almacena más CO2 que otras plantas, y genera un 35% más de oxígeno que otros tipos de árboles de jardín... no saben nada los pandas (me pregunto cuánto más oxígeno darán los inmensos bosques naturales de bambú).
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-DAR DESCANSO AL ORDENADOR. Si lo ponemos a echar la siesta en vez de con el salvapantallas, consumimos un 70% de energía menos.

-IR EN BICI. Ya sé que en las grandes ciudades españolas es un peligro -y aquí casi también, con el contraejemplo que están dándonos los chinos de sustituir sus maravillosas biciclitas por cada vez más motores-, pero es como para tenerlo en cuenta: si un millón de personas sustituyese, una sola vez a la semana, su trayecto diario de, pongamos, unos 10 kilómetros, por el mismo trayecto en bicicleta, parece que reduciríamos las emisiones de CO2 en 100.000 toneladas anuales. A veces las soluciones son tan sencillas e infantiles que en nuestro acelerado mundo moderno casi parecerían imposibles, ¿verdad?

...Y así montones de iniciativas que, sin traducir y resumir, en inglés, podéis encontrar aquí.
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En Shanghai, al principio sobre un cielo neblinoso y pesimistamente futurista de los de aquí, y luego bajo un azote torrencial de lluvia ácida, ya caída la noche, el concierto por una Tierra viva fue el más pequeño de todos los celebrados, pero fue importante que China tuviera el suyo, ya que es uno de los principales contaminantes mundiales, y empieza a ser consciente y responsable de ello.

La idea, como dijo Khalid Malik, el responable del PNUD en China, antes de empezar el concierto, es que la gente se dé cuenta de que sus decisiones influyen en las decisiones de los demás, y de que de verdad es responsabilidad nuestra, de cada uno de nosotros -sobre todo quienes estamos en el lado enriquecido del mundo- hacer algo para limitar y corregir el daño sobre nuestro pequeño planeta.
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Evonne Hsu (Xu Huixin), al comienzo del concierto Live Earth en Shanghai.
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El concierto en Shanghai, a los pies de la Torre Perla de Oriente (东方明珠) no tuvo las grandes estrellas internacionales de otras ciudades, ni tal vez el poder de convocatoria de los de otros lugares, pero al menos salió por televisión y juntó en el escenerio muchas voces de artistas a los que los jóvenes chinos de las grandes ciudades tal vez escuchen, que deben de ser unos cuantos... Espero que más allá del concierto y de las decenas de chicas que parecía que vinieran sólo por ver de cerca a Eason Chan (Chen Yixun), el mensaje calara de alguna manera.
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Evonne Hsu (Xu Huixin).
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Al menos algunos de los artistas parecieron intentarlo aunque fuera con pequeñas declaraciones. Mientras creo que fue Xu Huixin quien propuso responder al problema del cambio climático con "una respuesta de amor", el solista del -para mí- desconocido grupo Soler dijo, al parecer, entre un par de sus cañeras canciones de corte casi europeo, que "no sólo la próxima generación depende de nosotros, nosotros también somos esa generación, así que salvémosos a nosotros mismos".
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Soler.
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Después llegó la única extranjera, la soprano británica Sarah Brightman, bastante conocida, también para mi sorpresa, por los grupos de espectadoras que me rodeaban. Fue cuando ella cantaba, por cierto, cuando se destató una intensa tormenta de lluvia ácida que cubrió las gradas para 3.000 personas de chubasqueros y paraguas.
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Sarah Brightman.
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No podía faltar en la chinísima noche la omnipresente Banda de las 12 Chicas -en realidad creo que son como 17 que se turnan según las actuaciones-, que hicieron de las suyas mezclando estilos y reinterpretando clásicos de oriente y occidiente, a diestro y siniestro, con su colección de erhus, guqis, pipas y flautas tradicionales.
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12 Girls Band.
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Yo no sé si lo más importante para muchos allí fue la fiesta global del medio ambiente o el contacto con las chinísimas estrellas, pero para mí lo más bonito fue charlar con la gente. A mi lado se sentó una joven, llamada Rui, que estaba concienciadísima, pertenecía a una ONG de ayuda a los animales, y era muy sensible al tema del agua. Tenía muy claras, casi de memoria, todas las cosas que se podían hacer para combatir los efectos del cambio climático, ideas como las de la lista de arriba. Su entusiasmo de verdad que me conmovió con una llamita de esperanza.
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Bajo la lluvia compartimos una parte del concierto al abrigo del mismo paraguas, y a mí me hizo pensar que, con todos los errores que el hombre ha cometido tantas y tantas veces, qué bueno es que existan los jóvenes, tan capaces, si lo quieren, de cambiar un mundo que en el fondo siempre es de ellos.
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Tras tres horas de concierto y algún azote de lluvia ácida contra viento y arrebatos naturales, salí de aquella cita tan empapado como rejuvenecido. El distrito financiero de Lujiazui se alzaba orgulloso y futurista como de costumbre, pero ahora la idea del futuro me sabía distinta: había algo renovado y fresco después de la lluvia, y no sé si era el color oxidado que tomaba el aire con la noche, la impresión de compartir la intimidad, el oxígeno y el agua de una furiosa tormenta con una apasionada desconocida de luces contagiosas, o la contradicción de esas ganas de mejorar un mundo que, con todo, no dejaba de llamar a la sensatez desde los pies de un pirulí gigante saturado de diodos de colores, muy cerca de la sede de un banco inmenso y de las obras de una de las torres de Babel más gigantescas que jamás hayan visto los hombres... La ciudad era la misma, pero con la emoción del momento, llegué a sentirme casi capaz de descifrar el mundo de una manera que ya estaba acostumbrándome a olvidar, por la rutina de los pequeños asuntos que nos hacen perder la perspectiva de la vida: que cuánta gente somos en este pequeño mundo, y si no será, después de todo, que hay una pequeña joven Rui en cada uno de nuestros corazones.
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lunes, 21 de mayo de 2007

Shanghai en un espejo por la noche


Pasas las noches desnuda, sentada,
asesinando mentiras ajenas,
rumias heridas pasadas, y apenas
alzas la vista, que vistes de nada.

Wolframio gris, dura, densa, agotada,
aunque te escondes, no tienes cadenas,
nunca la lluvia se fue de tus venas:
guardas la luz, pero el tiempo te espada.

Blanca mujer, que desde tu ventana
andas caminos, robando a la altura
oscuridades de ayer y mañana

y al descubrir que la arena se apura,
íntima, inmensa, pronuncias tu aliento:
nunca te calles, y lleva en el viento

grandes verdades por arboladura.

Fotografías: arriba, la Torre Jin Mao (金茂大厦), de 88 pisos, y las obras del Centro Financiero Internacional Shanghai Hills, que tendrá 101; abajo, la Torre Perla de Oriente (东方明珠), en la mañana de primavera del jueves pasado.



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miércoles, 25 de abril de 2007

Luces de la ciudad

Lujiazui visto desde el Waitan, el pasado jueves 19 por la tarde.

¡Hola a todos!

Cómo pasa el tiempo, cómo pasan los días, un poco de trabajo que se acumule de más, y las fechas vuelan sin que le quede a uno apenas tiempo para uno mismo. Ni para vosotros. Hay que estar vacunado contra las agendas para limpiarse con la noche de todo su veneno con que nos envuelven. Así que me doy por fin un respiro antes de acostarme, para enviaros algunas de las imágenes más bonitas que me ha dado Shanghai en los últimos días.

Esta Perla de Oriente es una ciudad maravillosa, es una chica guapa de metrópoli en sí misma, sólo que entre la humedad, la neblina y la persistente contaminación, en ocasiones se afea, se esconde, se marchita, se vuelve casi irrespirable (aunque la polución tiene la ironía de que llega a dar también atardeceres bellísimos).

Una vez oí decir de Chicago, que aunque Shanghai sea la Nueva York de China, siempre me imaginé Chicago como la Shanghai de los Estados Unidos... decía el dicho popular de la ciudad americana: "si no te gusta el tiempo de Chicago... espera una hora". Aquí en Villamar no es que sea la cosa para tanto, pero poco le falta, y con esperar medio día el tiempo puede haber dado la vuelta un par de veces.

Desde la última ocasión en que hablamos ha llovido en distintos turnos, y luego hizo un sol limpísimo como pocas veces, resplandeciente y de aire fresco y cielo azul azul azul. La ciudad se pone preciosa en esas ocasiones, descubres que los grises edificios de cristales tienen aristas brillantes, y un volumen y una belleza física y tangible, en sus reflejos y en sus hipnóticas formas, de una arquitectura tan extravagante como futurista y orgullosa, que te das cuenta de que no sólo es una ciudad bonita de noche, con su feminísimo maquillaje de neones y diodos, sino que las luces naturales de la ciudad le dan una presencia maravillosa. Es como si de verlo todo en una neblina sucia y gris, que tiende a aplanar toda perspectiva y la deja casi en dos dimensiones, con un horizonte difuso y feo, de pronto descubrieras que la realidad tiene una medida más, tres dimensiones, con muchísima energía y además bajo un sol brillante.

Lo que descubre uno entonces es que Shanghai está llena de sorpresas y de detalles desconocidos, y de que las luces de la ciudad son incluso más maravillosas antes de caer la noche...


Las dos fotografías que os muestro ahora son la prueba de este amor entre la luz y la ciudad que, a pesar de todas las industrias, traspasa los días y, cuando ha llovido lo suficiente, permite que el milagro se produzca y que se besen, con dulzura y maravilla, el cielo natural y omnipotente y el inmenso meandro, acicalado y femenino, de este vasto hormiguero de hombres entre los que vivo.

Como véis, poco antes de ponerse el sol, los reflejos de la luz tienen la inclinación perfecta para que no sólo se vayan iluminando, por orden, todas las bolitas de cristal rosa de la torre de televisión -y mirador, la más alta de Asia- Perla de Oriente, que véis en el futurista distrito financiero de Lujiazui (陆家嘴) a la izquierda, en la primera foto (es ya Pudong, 浦东,la orilla este del río, como sabéis). Además el sol llega tan perfecto que el azul y el dorado de varios edificios emblemáticos se refleja en las aguas del río Huangpu (黄浦江), y el resultado es tan sutil y de una poesía que no se puede recoger con palabras... Me encantó que estuviera ahí esa pareja de la imagen de arriba, es la metáfora perfecta, es la luz desnuda de Shanghai cuando está limpia. Deslumbra y enamora.

Con todo, minutos después de la iluminación, cosas del tiempo, cayó el atardecer y, entre el surco de las barcazas y la sirena de los buques a lo lejos, con él vino la noche.

A pesar de todo lo que os acabo de contar, y de lo maravillosa que descubre uno a Shanghai en los días que vienen después de la lluvia, lo más habitual es encontrarla cargada y polvorienta, sucia de emisiones carbónicas, cansada, gris, neblinosa y en ocasiones irrespirable. Así ocurrió por ejemplo este fin de semana, pero por suerte ayer mismo volvió a llover fuerte y hoy el aire volvía a estar limpio. Veremos mañana.

Casi todas las ciudades tienen un encanto especial cuando llueve. Esta, a pesar de lo que acabo de contar, y de lo maravillosa que la descubre uno cuando está desnudada por la lluvia, no sólo es un ejemplo clarísimo y seductor, sino que sean cuales sean las condiciones del cielo, casi todo el mundo que la visita coincide en que cuando se vuelve espectacular es por la noche.

En Europa no estamos acostumbrados al derroche de luces, neones, focos y millones de diodos intermitentes y coloridos con que se adornan y se prestigian los edificios más orgullosos de China. Es así, y en la medida en que las arcas lo permitan, diría que en casi todas las arcas del país. Allí donde haya un restaurante o un hotel, o un club de picos pardos con ciertos aires de distinción, no faltarán los letreros luminosos ni los miles de diodos. (El año pasado llegué a comprobar que hasta las carreteras de Luoyang, la milenaria capital imperial, hoy una ciudad provinciana encajada en la provincia de Henan, pretendían iluminarse con deslumbrantes paneles de color rojo en los costados, y hasta habían elevado una antena iluminada que recordaba vagamente a la Perla de Oriente del Pudong shanghainés... pero con todo, si hay una ciudad rica, orgullosa y luminosa por la noche en este país, ni tuvo ni tiene rival la Shanghai heredera de sus míticos años treinta de mujer fatal y lugar de perdición).

En la Plaza del Pueblo, al borde de donde los ingleses erigían la inmensa explanada colonial para su hipódromo británico, se veía así el domingo, bajo la lluvia y recién caída la noche, la torre Shimao que ya conocéis, 66 plantas y dos cuernecitos para este eficio-cabra de cristal que es sin duda el más alto de todo Puxi, mi lado del río, el centro histórico, al oeste del Huangpu.


Mirando hacia mi derecha, se llega hacia la que llaman nada menos que la Plaza del Mañana (明天广场), donde se erige el imponente edificio del mismo nombre, Tomorrow Plaza, en inglés, que alberga no sólo el hotel Marriott sino esa enorme e inolvidable silueta que habéis visto en bastantes ocasiones desde mi ventana.


Es muy curioso este edificio porque, con su punta de diamante y la esfera que contiene en el centro, en el techo, pretende representar un dragón con su perla, pero muchos susceptibles chinos, como la torre fue construida con capital japonés, se empeñaron en ver en él un "puñal que atraviesa el corazón de China" (!) y por lo visto montaron una polémica que oí que casi paraliza el proyecto, que se inauguró pocos meses antes de que yo empezara a vivir en el barrio.

Os pongo también esta fotografía, en la que se perciben los verdes y reconocibles anuncios de refresco que recorren toda Nanjing Dong Lu (南京东路) hasta llegar al Waitan (外滩), porque el domingo me reuní en esa torre con una artista en el lujosísimo recibidor del hotel, que se encuentra nada menos que en el piso 38 de esta mole, que tiene creo que 56, si no me falla la memoria.

Desde allá en lo alto, con piano de media cola y de estudiante en vivo, y dado que todavía veo complicado lo de darme el gusto de recorrer mi ciudad amada en helicóptero por la noche, me pude regalar unos momentos de contemplar desde arriba esa inmensidad tantísimas veces recorrida que es la Plaza del Pueblo (人民广场).


Se trata de un lugar inmenso, del que sólo os muestro una mitad. La zona era un circuito baldío para carreras de caballos hasta 1956, cuando los comunistas se hartaron del capricho británico y alzaron allí la Plaza del Pueblo, que no empezó a tomar el esplendor de hoy hasta finales de los años ochenta.

En primer plano, cortado, está el Gran Teatro de Shanghai, un frutero futurista y enorme construido en los noventa, donde se celebra entre otras cosas, en junio, la gala del Festival Internacional de Cine de Shanghai.

El edificio grande y blanco que brilla a la izquierda es el Ayuntamiento, con la forma típica, entre funcionarial y majestuosa, que tienen todos los ayuntamientos que he visto en el este de China, que parecen sacados del mismo molde, aunque diría que algo más pequeñitos que este.

El edificio redondo que véis en medio, y que imita la estructura de un pote de bronce antiquísimo que guarda dentro, es el Museo de Shanghai, dicen que el museo de arte chino con las mejores y más completas colecciones del país. Es estupendo, del bronce antiguo a cerámicas de todas las dinastías, de la caligrafía a las máscaras de madera más fascinantes que he podido ver por aquí. Y es que ya sólo verlo por fuera es como contemplar una obra de arte.


Frente a él véis un parque con unas fuentes... Por ahí cerca está el Parque del Pueblo (人民公园), una pequeña delicia de paz en el corazón de la ciudad, aunque no sale en la foto. En la zona que véis se suelen juntar niños, parejas, ancianitos, palomas y muchos aficionados a las cometas. Es un bonito lugar para pasear.

Algo más allá del museo se ve otro edificio pequeño, justo antes de las pantallas de televisión gigantes de los rascacielos del fondo. Se trata del Auditorio de Música de Shanghai (上海音乐厅), que en los años treinta era el mejor cine de la ciudad (incluso vi una foto de la época con los carteles anunciando la película Tarzán), y que ahora es el auditorio, un edificio precioso que, oh curiosidad, hace pocos años fue trasladado hacia el este, hacia el fondo de la foto, unos sesenta metros, para permitir construir la carretera elevada que véis, que tiene una de las mejores vistas de la ciudad (sobre todo al llegar al Waitan, donde hace una curva paralela al río, a los rascacielos y a los edificios coloniales, que hasta los coches ralentizan para contemplarlo y hacer fotos; sale en una toma inolvidable de la película Balzac y la joven costurera china). ¿Que cómo lo trasladaron? Lo elevaron en el aire con una grúa y lo movieron lentamente durante meses, hasta dejarlo en su posición actual. Si os contara la locura que se ha llegado a proponer con esa tecnología alucianríais...

Sin embargo por hoy se me hace tarde y la noche ya ha caído densa con su cuarto de luna. Me acuesto con el sabor en el ánimo de haberos enseñado con cariño el secreto más bello de mi ciudad amada, que es como darle un beso a una mujer especial que nos dejase verla a solas presumiendo con el traje que mejor le sienta: a mi Shanghai, las luces.

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