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jueves, 14 de junio de 2007

Hoy en el aire

Entre Weihai Lu y Nanjing Xi Lu, esta noche..

¡Hola de nuevo! ..

Hoy, por algún motivo que olvidé por el camino, estuve en el aire, o casi, ya que entré en el edificio de uno de los mayores conglomerados mediáticos de China, el Shanghai Media Group (SMG, o 上海文广新闻传媒集团), que controla los tres principales conjuntos de cadenas de televisión shanghainesas (en total siete canales de difusión nacional, y los que tenga por cable, además de radios, productoras y otras filiales). A sus periodistas se los encuentra uno con frecuencia hasta por la calle, y su torre de Nanjing Xi Lu me dejó una profunda huella en la memoria, hace tanto tiempo ya, la primera noche de paseo de exploración en que, bastante desorientado, fui descubriendo el centro de la ciudad a las pocas horas de llegar a ella por primera vez. En su fachada tiene una de las primeras pantallas gigantes de las calles de Shanghai, que ahora ya se cuentan por decenas..
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El caso es que en mi saludo de hoy sólo podía destacar esa sensación de irrealidad vaporosa, cálida y húmeda, que había hoy en el aire y que me invadió de pronto cuando me asomé a una azotea y vi, con esta perspectiva nueva, algunas calles de mi barrio desde allá arriba..
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Caminando por un borde hasta llegaba uno a asomarse, entre los edificios, a esta vista de un pequeño tramo de la carretera elevada de Yan An Lu que lleva al Waitan...
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A la televisión de Shanghai le tengo cierto cariño, dado que aunque su programación no se diferencia mucho, por lo poquito que suelo ver la tele, de otras cadenas provinciales, al menos tienen mucho contenido local y se le nota esa imagen de superioridad y de riqueza y de despliegue y casi ostentación de recursos que no te vas a encontrar, por ejemplo, en la televisión de Anhui. Además sus periodistas y presentadores suelen resultar gente bastante maja, aunque de uno se encuentra todo, y en ocasiones la persona que porta el micrófono con la estrella de Dragon TV, la magnolia de Shanghai TV o el lazo gaviotil Oriental TV, los tres grupos de cadenas de SMG, acaba por ser una anoréxica pija hipermaquillada con tendencias ególatras... aunque creo que sin llegar a los extremos de pijerío del Canal Joven, una aventura de Disney, también vinculada al SMG, pensada para chinos jóvenes, ricos, muy preparados, con un buen trabajo, ocio suficiente y listos para gastar..
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Con todo, los personajes de la tele me parecen bastante menos repelentes en las cadenas clónicas shanghainesas que en la España que nos vio nacer..
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Hace unos días, en una especie de fiesta que había, por casualidad, me encontré con dos presentadores bastante populares de la tele, que os presento aquí abajo en la foto que me dejaron hacerles.
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Como me sonaban un montón, me acerqué a ellos y les pregunté: "perdonad, vuestras caras me suenan muchísimo y creo que sois famosos, pero no me acuerdo de dónde os he visto, ¿me podríais decir quiénes sois?". El chico de la derecha, muy simpático, me dijo que tal vez de la tele, a no ser que nos hubiéramos encontrado en el autobús o algo..

Resultaron ser Chen Fan (a la izquierda, presentadora del Canal Joven precisamente) y nada menos que uno de los primeros rostros que no tardé en ver en todas partes nada más llegar al país: Wu Dawei, presentador de un programita muy popular, que aparece tanto en la tele como en las pantallas de las estaciones y de los vagones del metro, que se llama "Talk da talk" y que da clases de inglés de tres minutos al viajero, con ejemplos y frases muy prácticas y fáciles de recordar, para ayudar a los jóvenes chinos -y no chinos- a refrescar sus conocimientos de la lengua de T. S. Eliot con un habla más viva y expresiones más bien coloquiales. .

Además de un mago comunicador y muy simpático, David Wu Dawei resultó ser hiperactivo, y en un minuto que estuvimos hablando me contó no sé cuántas cosas, hizo dos bromas, contó hasta tres en castellano y me dijo en perfecto idioma cervantino que quería una cerveza y que en realidad no entendía español..

A veces en este país me pasan cosas tan surrealistas y divertidas que cualquier día me voy a encontrar un elefante en Nanjing Lu....

Al salir hoy del edificio de la tele ya era de noche y llovía, pero a las puertas de la sede de Weihai Lu me esperaba una vista espectacular del vecindario, que no me pude resistir a fotografiar:.
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A estas alturas mis amigos ya reconocéis de sobra, más allá de los perfiles de una barriada pequeña y antigua con algunos shikumen, la diamantada silueta del imponente hotel Marriott de la Plaza del Mañana (明天广场)...

Aprovecho para presentaros los tres logotipos de las principales cadenas de información de SMG con una foto más amplia del aparcamiento...
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En fin, que si Shanghai se pone preciosa por la noche, todavía me enamora más cuando llueve, porque a pesar de la lluvia ácida y de que moverse por la ciudad se hace difícil, la verdad es que se pone guapa profunda y deja una impresión tan honda y brillante como limpia el aire, ahora ya cargado por la humedad pegajosa del verano incipiente (el más rápido en llegar del último siglo, aseguran los especialistas de por aquí)..

En la foto de abajo, justo entre el hotel y el edificio que veréis con el letrero de "Orient Center", aparece la torre principal de SMG en la calle Nanjing Lu, visto desde una esquina que tal vez recordaréis algunos de vosotros que me habéis visitado. La pantalla gigante no se ve desde allí, pero me pareció mejor enseñaros esta imagen para presentaros mi plataforma de hoy con perspectiva, en su entorno natural de mítica avenida..

Debido a una noticia que me sorprendió ayer (esta), hoy he encontrado uno de los poemas más famosos de la dinastía Tang, del Garcilaso chino Li Bai (701-762), conocido por los anglófonos -y antes de la romanización del pinyin- como Li Po. Me parece una buena manera, cargada de cariño, de gusto y de cierta morriña, de daros hoy las buenas noches; la traduzco aquí de la versión en inglés en que la encontré esta mañana, en un libro que guardo desde hace tiempo en casa..

Sobre el papel, en mi edición bilingüe, aparece transcrito con caligrafía antigua y a mano, pero con mi pobreza del idioma no conocía más de la mitad de los caracteres, así que os copio una versión que encontré en la red, ya en chino simplificado y parece que con una palabra de menos en el primer verso, pero creo que fiel, en mandarín moderno, al sentido con que Li Bai debió de escribirlo en su momento. Como comenta el traductor de la edición que un día rescató el poema para entregárnoslo hoy, Arthur Cooper, "esta versión traduce la que todo el mundo conoce, aunque la versión aceptada en las obras Li Po difiere ligeramente. No creo que la diferencia le hubiese molestado: 'el tiempo pinta', tal vez, también en la poesía".


...........夜思 .................Pienso en la noche.
...........床前明月光 ......Ante mi cama brilla la luna
............疑是地上霜 ..... de modo que parece que haya escarcha sobre el suelo.
.............舉頭望明月 ......Al levantar la cabeza, veo la luna brillante.
.............低頭思故鄉 ......Al bajar la cabeza, sueño que estoy en casa..
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miércoles, 25 de abril de 2007

Luces de la ciudad

Lujiazui visto desde el Waitan, el pasado jueves 19 por la tarde.

¡Hola a todos!

Cómo pasa el tiempo, cómo pasan los días, un poco de trabajo que se acumule de más, y las fechas vuelan sin que le quede a uno apenas tiempo para uno mismo. Ni para vosotros. Hay que estar vacunado contra las agendas para limpiarse con la noche de todo su veneno con que nos envuelven. Así que me doy por fin un respiro antes de acostarme, para enviaros algunas de las imágenes más bonitas que me ha dado Shanghai en los últimos días.

Esta Perla de Oriente es una ciudad maravillosa, es una chica guapa de metrópoli en sí misma, sólo que entre la humedad, la neblina y la persistente contaminación, en ocasiones se afea, se esconde, se marchita, se vuelve casi irrespirable (aunque la polución tiene la ironía de que llega a dar también atardeceres bellísimos).

Una vez oí decir de Chicago, que aunque Shanghai sea la Nueva York de China, siempre me imaginé Chicago como la Shanghai de los Estados Unidos... decía el dicho popular de la ciudad americana: "si no te gusta el tiempo de Chicago... espera una hora". Aquí en Villamar no es que sea la cosa para tanto, pero poco le falta, y con esperar medio día el tiempo puede haber dado la vuelta un par de veces.

Desde la última ocasión en que hablamos ha llovido en distintos turnos, y luego hizo un sol limpísimo como pocas veces, resplandeciente y de aire fresco y cielo azul azul azul. La ciudad se pone preciosa en esas ocasiones, descubres que los grises edificios de cristales tienen aristas brillantes, y un volumen y una belleza física y tangible, en sus reflejos y en sus hipnóticas formas, de una arquitectura tan extravagante como futurista y orgullosa, que te das cuenta de que no sólo es una ciudad bonita de noche, con su feminísimo maquillaje de neones y diodos, sino que las luces naturales de la ciudad le dan una presencia maravillosa. Es como si de verlo todo en una neblina sucia y gris, que tiende a aplanar toda perspectiva y la deja casi en dos dimensiones, con un horizonte difuso y feo, de pronto descubrieras que la realidad tiene una medida más, tres dimensiones, con muchísima energía y además bajo un sol brillante.

Lo que descubre uno entonces es que Shanghai está llena de sorpresas y de detalles desconocidos, y de que las luces de la ciudad son incluso más maravillosas antes de caer la noche...


Las dos fotografías que os muestro ahora son la prueba de este amor entre la luz y la ciudad que, a pesar de todas las industrias, traspasa los días y, cuando ha llovido lo suficiente, permite que el milagro se produzca y que se besen, con dulzura y maravilla, el cielo natural y omnipotente y el inmenso meandro, acicalado y femenino, de este vasto hormiguero de hombres entre los que vivo.

Como véis, poco antes de ponerse el sol, los reflejos de la luz tienen la inclinación perfecta para que no sólo se vayan iluminando, por orden, todas las bolitas de cristal rosa de la torre de televisión -y mirador, la más alta de Asia- Perla de Oriente, que véis en el futurista distrito financiero de Lujiazui (陆家嘴) a la izquierda, en la primera foto (es ya Pudong, 浦东,la orilla este del río, como sabéis). Además el sol llega tan perfecto que el azul y el dorado de varios edificios emblemáticos se refleja en las aguas del río Huangpu (黄浦江), y el resultado es tan sutil y de una poesía que no se puede recoger con palabras... Me encantó que estuviera ahí esa pareja de la imagen de arriba, es la metáfora perfecta, es la luz desnuda de Shanghai cuando está limpia. Deslumbra y enamora.

Con todo, minutos después de la iluminación, cosas del tiempo, cayó el atardecer y, entre el surco de las barcazas y la sirena de los buques a lo lejos, con él vino la noche.

A pesar de todo lo que os acabo de contar, y de lo maravillosa que descubre uno a Shanghai en los días que vienen después de la lluvia, lo más habitual es encontrarla cargada y polvorienta, sucia de emisiones carbónicas, cansada, gris, neblinosa y en ocasiones irrespirable. Así ocurrió por ejemplo este fin de semana, pero por suerte ayer mismo volvió a llover fuerte y hoy el aire volvía a estar limpio. Veremos mañana.

Casi todas las ciudades tienen un encanto especial cuando llueve. Esta, a pesar de lo que acabo de contar, y de lo maravillosa que la descubre uno cuando está desnudada por la lluvia, no sólo es un ejemplo clarísimo y seductor, sino que sean cuales sean las condiciones del cielo, casi todo el mundo que la visita coincide en que cuando se vuelve espectacular es por la noche.

En Europa no estamos acostumbrados al derroche de luces, neones, focos y millones de diodos intermitentes y coloridos con que se adornan y se prestigian los edificios más orgullosos de China. Es así, y en la medida en que las arcas lo permitan, diría que en casi todas las arcas del país. Allí donde haya un restaurante o un hotel, o un club de picos pardos con ciertos aires de distinción, no faltarán los letreros luminosos ni los miles de diodos. (El año pasado llegué a comprobar que hasta las carreteras de Luoyang, la milenaria capital imperial, hoy una ciudad provinciana encajada en la provincia de Henan, pretendían iluminarse con deslumbrantes paneles de color rojo en los costados, y hasta habían elevado una antena iluminada que recordaba vagamente a la Perla de Oriente del Pudong shanghainés... pero con todo, si hay una ciudad rica, orgullosa y luminosa por la noche en este país, ni tuvo ni tiene rival la Shanghai heredera de sus míticos años treinta de mujer fatal y lugar de perdición).

En la Plaza del Pueblo, al borde de donde los ingleses erigían la inmensa explanada colonial para su hipódromo británico, se veía así el domingo, bajo la lluvia y recién caída la noche, la torre Shimao que ya conocéis, 66 plantas y dos cuernecitos para este eficio-cabra de cristal que es sin duda el más alto de todo Puxi, mi lado del río, el centro histórico, al oeste del Huangpu.


Mirando hacia mi derecha, se llega hacia la que llaman nada menos que la Plaza del Mañana (明天广场), donde se erige el imponente edificio del mismo nombre, Tomorrow Plaza, en inglés, que alberga no sólo el hotel Marriott sino esa enorme e inolvidable silueta que habéis visto en bastantes ocasiones desde mi ventana.


Es muy curioso este edificio porque, con su punta de diamante y la esfera que contiene en el centro, en el techo, pretende representar un dragón con su perla, pero muchos susceptibles chinos, como la torre fue construida con capital japonés, se empeñaron en ver en él un "puñal que atraviesa el corazón de China" (!) y por lo visto montaron una polémica que oí que casi paraliza el proyecto, que se inauguró pocos meses antes de que yo empezara a vivir en el barrio.

Os pongo también esta fotografía, en la que se perciben los verdes y reconocibles anuncios de refresco que recorren toda Nanjing Dong Lu (南京东路) hasta llegar al Waitan (外滩), porque el domingo me reuní en esa torre con una artista en el lujosísimo recibidor del hotel, que se encuentra nada menos que en el piso 38 de esta mole, que tiene creo que 56, si no me falla la memoria.

Desde allá en lo alto, con piano de media cola y de estudiante en vivo, y dado que todavía veo complicado lo de darme el gusto de recorrer mi ciudad amada en helicóptero por la noche, me pude regalar unos momentos de contemplar desde arriba esa inmensidad tantísimas veces recorrida que es la Plaza del Pueblo (人民广场).


Se trata de un lugar inmenso, del que sólo os muestro una mitad. La zona era un circuito baldío para carreras de caballos hasta 1956, cuando los comunistas se hartaron del capricho británico y alzaron allí la Plaza del Pueblo, que no empezó a tomar el esplendor de hoy hasta finales de los años ochenta.

En primer plano, cortado, está el Gran Teatro de Shanghai, un frutero futurista y enorme construido en los noventa, donde se celebra entre otras cosas, en junio, la gala del Festival Internacional de Cine de Shanghai.

El edificio grande y blanco que brilla a la izquierda es el Ayuntamiento, con la forma típica, entre funcionarial y majestuosa, que tienen todos los ayuntamientos que he visto en el este de China, que parecen sacados del mismo molde, aunque diría que algo más pequeñitos que este.

El edificio redondo que véis en medio, y que imita la estructura de un pote de bronce antiquísimo que guarda dentro, es el Museo de Shanghai, dicen que el museo de arte chino con las mejores y más completas colecciones del país. Es estupendo, del bronce antiguo a cerámicas de todas las dinastías, de la caligrafía a las máscaras de madera más fascinantes que he podido ver por aquí. Y es que ya sólo verlo por fuera es como contemplar una obra de arte.


Frente a él véis un parque con unas fuentes... Por ahí cerca está el Parque del Pueblo (人民公园), una pequeña delicia de paz en el corazón de la ciudad, aunque no sale en la foto. En la zona que véis se suelen juntar niños, parejas, ancianitos, palomas y muchos aficionados a las cometas. Es un bonito lugar para pasear.

Algo más allá del museo se ve otro edificio pequeño, justo antes de las pantallas de televisión gigantes de los rascacielos del fondo. Se trata del Auditorio de Música de Shanghai (上海音乐厅), que en los años treinta era el mejor cine de la ciudad (incluso vi una foto de la época con los carteles anunciando la película Tarzán), y que ahora es el auditorio, un edificio precioso que, oh curiosidad, hace pocos años fue trasladado hacia el este, hacia el fondo de la foto, unos sesenta metros, para permitir construir la carretera elevada que véis, que tiene una de las mejores vistas de la ciudad (sobre todo al llegar al Waitan, donde hace una curva paralela al río, a los rascacielos y a los edificios coloniales, que hasta los coches ralentizan para contemplarlo y hacer fotos; sale en una toma inolvidable de la película Balzac y la joven costurera china). ¿Que cómo lo trasladaron? Lo elevaron en el aire con una grúa y lo movieron lentamente durante meses, hasta dejarlo en su posición actual. Si os contara la locura que se ha llegado a proponer con esa tecnología alucianríais...

Sin embargo por hoy se me hace tarde y la noche ya ha caído densa con su cuarto de luna. Me acuesto con el sabor en el ánimo de haberos enseñado con cariño el secreto más bello de mi ciudad amada, que es como darle un beso a una mujer especial que nos dejase verla a solas presumiendo con el traje que mejor le sienta: a mi Shanghai, las luces.

miércoles, 18 de abril de 2007

Llueve y llueve

Hotel de la Paz, a ambos lados, en Nanjing Dong Lu, esta tarde. -
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¡Hola a todos!

En esta ciudad está el tiempo que no deja de llover. Es delicioso y agotador a la vez, pero deja el aire tan limpio que en el fondo da gusto, a pesar de que se forman tales atascos que es imposible casi moverse con ningún transporte público, y hoy anduve varias horas sobre la lluvia, casi tuve que volver andando todo el camino a casa desde Huaihai Lu.


Ha sido un día tranquilo y pesado como el denso caer plomizo de esta lluvia ácida. Estuve en un fantasmal Hotel de la Paz (和平饭店), en la desembocadura de Nanjing Dong Lu (南京东路) en pleno corazón del Bund (el Waitan, 外滩), cuyos dos históricos edificios norte y sur (izquierda y derecha, en la foto de arriba, donde se ve de fondo Lujiazui, 陆家嘴, el distrito financiero que queda al otro lado del río) cerraron desde ayer porque sus nuevos dueños van a remodelarlo por dentro para que sea tan cómodo y lujoso como lo era en los años treinta, cuando con sus doce pisos era el edificio más alto de la ciudad y el más lujoso, y donde hasta la semana pasada solía tocar la banda de jazz más veterana y famosa de la ciudad... Cómo pasan los años, sobre todo en China. Que se lo digan a los rascacielos futuristas que le han salido enfrente. Ahora por la noche ya no parece más que se está frente al mar, como en los tiempos de la concesión británica...


Hoy llueve fuerte y bonito en Shanghai, con todo. La calle de la moda de Huaihai Lu parece subyugada de alguna manera a la lección de humildad que le lanza el cielo, y la ciudad se embota y se mueve tranquila y apretada, lenta, como la lava de un volcán luminoso que descendiera apagándose a los pies de una montaña lavada por la lluvia.

Huaihai Lu, esta noche.-
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Llueve en Shanghai y se va la tarde arrastrando las horas igual que resbalan, se añaden se amontonan y caen las gotas en las ventanas. Con esta lluvia y en esta noche me acuerdo con curiosidad de la anécdota de Neruda que os transcribí el otro día. ¿Qué diría el poeta chileno de una tarde como esta, en la que la naturaleza recuerda su presencia a los hombres y se muestra más fuerte que la inmensa gran ciudad?


Tal vez, como en el principio de una de aquellas odas elementales, empezaría cantando:

Anoche
vino
ella,
rabiosa,
azul, color de noche,
roja, color de vino,
la tempestad
trajo
su cabellera de agua,
anoche quiso
dormir sobre la tierra.
Llegó de pronto
recién desenrollada
desde su astro furioso,
desde su cueva celeste,
quería dormir
y preparó su cama (...)-
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Pablo NERUDA, Odas elementales (1954).

Huaihai Lu, esta noche.

martes, 17 de abril de 2007

Domingueando en Shanghai

¡Hola de nuevo!

Espero que me perdonéis que os escriba del dominguear un lunesmartes por la noche, pero ayer se hizo tan tarde que no pude escribiros todo lo que me habría gustado. Esta noche es clara y fresca, tan clara que permite ver las estrellas, y tan limpia y fresca que apetece casi hablar de ella y olvidar lo demás, pero me guardaré estas agradables sensaciones y os contaré lo que os tenía guardado de anoche para contaros hoy.

Quería enviaros algunas fotos más de ambiente sobre la vida en Shanghai, y en el caso de un humilde 西班牙的上海人 como yo, en una tarde de domingo como la de ayer, con una lluvia intermitente y al fin un aire fresco de primavera, ¿qué mejor se puede hacer que salir a pasear y respirar la ciudad? (en una de esas veces deliciosas en que se puede respirar agusto en este hormiguero inmenso y neblinado).

Claro, que pasear, en esta ciudad de contrastes, se puede hacer de muchas maneras. Se puede hacer en el cochecito leré de arriba, cuyas cocheritas iban mirando al personal, por las calles de la antigua concesión francesa, con autosuficiencia de perdonavidas, o se puede hacer de vuelta de vender unas hortalizas, como esta pareja que se nos cruzó no muy lejos de una calleja que corta con una paralela hacia la altura de 重庆南路.



Aunque la manera más deliciosa de recorrer Shanghai es, como había dicho, la bicicleta, y muchas veces, como en casi todas las ciudades, lo ideal, si no está el aire muy sucio, es ir andando. Si no, ya que es domingo, para las grandes distancias nada mejor que la siempre tan variada oferta de taxis locales...



Mis compañías favoritas son las que te reciben, al poner el contador en marcha, con una grabación publicitaria de un número de teléfono donde te informan de la oferta de restaurantes de la ciudad. Es genial, porque como eslogan hacen un juego de palabras con el teléfono: "5757 5777", exclama una voz cantora ("wu qi, qu qi, wu qi qi qi", ya sabéis que, para entendernos, podéis leer la q del pinyin como una che nuestra).

Enseguida responde una voz, imitando: "我吃,我吃, 我吃吃吃!" ("wo chi, wo chi, wo chi chi chi!", que viene a ser:"¡yo como, yo como, yo como, como, como!"). ¿Verdad que es genial? Sólo que yo al principio lo entendía mal, y en vez de 我吃 ("wo chi", yo como) comprendía 我去 ("wo qu", yo voy), así que si no me lo explican pensaba que la publicidad era del propio taxi, para llamar al número ese y que te llevaran donde quieras. Pero bueno, no iba tan desencaminado...

En fin: pocos parques hay tan tranquilos en el centro de Shanghai como el parque Fuxing, antiguo parque francés, que queda en el barrio de la chica más bonita de la ciudad, donde la vida parece tranquila y limpia y lo mismo ves a viejos pescando o haciendo taiqi que a niños patinando o a parejas de la mano, todo entre fuentecillas, paseos y árboles, a pesar de estar en pleno corazón urbano.-
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En una de las zonas que más me gustan del parque hay una estatua enorme de Marx y Engels, que según leí fue colocada en 1985.


Es un lugar apacible y tranquilo, donde ayer un señor jugaba al badmington con su hijo (diría que es uno de los deportes más populares al menos en esta parte del país) mientras, detrás, un grupo de ancianitas adorables hacía ejercicios bailando.

Un lugar adorable, creo que muy apreciado por los vecinos de la zona.

Para continuar la plácida mañana dominguera, nada mejor que comer en un buen restaurante que sea bueno, bonito y barato. En la mismísima Huaihai Lu hay un restaurante de una cadena que reúne todas las condiciones y que reparte sus establecimientos por las zonas más frecuentadas del centro de la ciudad. A menudo me gusta decir que Shanghai me parece uno de los mejores lugares del mundo para disfrutar de la comida japonesa, porque además de que los clientes exigen suficiente calidad como para que sea tirando a excelente, los precios son muchísimo más cercanos al pueblo trabajador que los que pude encontrar durante mis días de superviviencia en Japón...


Entre sushi, maki, tempura y otras delicias también locales, uno se encuentra hasta excelentes bocados de salmón al limón... servidos no como otros platos con algas, como ya sorprendí una vez a mi madre, sino oh sorpresa maravilla de las maravillas, que sorprenderá sobre todo a mi familia toda: servidos sobre grandes hojas de ricas... ¡ortigas!


He de aclarar que no picaba; eso sólo ocurre cuando se le baña en un pigmento verdoso llamado washabi, de origen creo que marino (ay, mi ingnorancia) que se añade al vinagre de soja, y entonces es que ni los pimientos de Padrón... pero esa es otra historia que deberá ser contada en otro momento y en otro lugar, al estilo de Ende.

En fin, como muestra un cartelito que había junto a los baños del restaurante, cuando uno se acostumbra a los sabores locales, China es un paraíso también como España, para disfrutar como un niño comiendo...

我要吃! - ¡Quiero comer! -
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Después no hay nada como pasearse por una de las zonas más extrañas y bonitas del viejo Shanghai (o lo que queda de él), rebautizada como Xintiandi (新天地, el Nuevo Cielo en la Tierra, según mi interpretación). -
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Se trata, como véis, de un barrio pequeñito, hecho de antiguas casas como eran las calles chinas de la antigua concesión francesa, pisos bajos tradicionales con un estilo ecléctico, hechos de ladrillos negros y algunos cocidos al rojo arcilla, llamados shikumen. Alrededor hay rascacielos comerciales y de oficinas, edificios nuevos, tiendas, pero allí, en la compañía de un estanque sereno y pequeño que es una gozada de noche, del que tal vez hablaré otro día por su romanticismo y por el cariño que le tengo, perviven las dos o tres últimas callejas por fuera intactas de shikumen. Ahora lo que hay ahí por dentro, y por fuera, es Xintiandi, es decir, la zona pija más cara y obscena -por los precios y el ambiente expatriado obtuso occidental y comercial de todo- de toda esta viciosa ciudad, conocida desde que los extranjeros la levantaran como tal con nombres que van desde la Perla de Oriente, que se mantiene, hasta la Puta de Oriente, que hoy en día se escucha menos, aunque desde luego no sorprende tampoco, conocida la reputación de lugar de perdición que tenía y que le dieron los años treinta...-
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Curiosidades y contrastes, la foto que acabo de poner arriba es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad, porque van autobuses todos los días desde remotas provincias a visitar el lugar: en esa casa se fundó, en 1921, el Partido Comunista de China, con un joven Mao Zedong dentro entre la decena de conspiradores que se reunieron allí en un primer congreso, a escondidas de la policía de la concesión francesa. (Al fondo están el lago y el edificio central de la asesoría PriceWaterhouseCoopers)....).-
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Me guardo la historia para otra ocasión, y os pido que me acompañéis a terminar el paseo.


Vamos hacia otro de los lugares más fotografiados de Shanghai: los jardines de Jade (Yu Yuan, 玉园) y los bazares contiguos, el Templo de los Dioses de la Ciudad... No hablaré tampoco apenas de ellos esta vez, pero lo haré en el futuro con fotografías dedicadas a esas callejuelas bonitas y convertidas casi en un parque temático, y a las callejas verdaderas que se esconden detrás.

Ayer con la lluvia, extrañísimamente para un fin de semana, había muy poca gente en comparación con los enjambres humanos que suelen saturar este lugar, y el normalmente intransitable puente de las nueve esquinas, frente a su famosísima casa de té del estanque, lucía así de tranquilo ayer al caer la noche:


Mientras cerraban las tiendas y el aire nuevo y fresco de la noche recién llovida refrescaba los corredores, era una gozada pasear mientras las formas parecían revestirse de los más espléndidos buenos espíritus del pasado...


Con todo, no quiero decir ninguna barbaridad. Durante la Semana Santa, coincidiendo por una vez de manera extrañísima con el 5 de Abril, día de barrer las tumbas establecido según es costumbre (para una fiesta fija que hay en China y para una lunar que hay en Occidente, como hace notar mi colega ChinoChano, vaya coincidencia), fue el momento en que los espíritus salen por la noche y dice la superstición china que es mejor no salir de casa mientras no esté el sol, porque a veces es peligroso. Dura la alerta no sé cuántos días antes y después de esa noche, así que creo que acabamos de pasar ese período. -
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En las propias callejas colindantes a los Yu Yuan había esta tienda con la radio a tope llenando el aire de cantares budistas. Entre hipnotizadores y sagrados saludos a la flor del loto ("Om mani padme hum") y dioses en altares de plástico a los que ofrecer mandarinas y colocar en casa en la cocina, encima de la nevera como vi maravillado una vez, en la tele aparecía el disco, versión karaoke de los cantos sagrados. Me pareció maravilloso. Al parecer se utiliza en las fechas que decía ahora, en que los espíritus rondan, para apaciguar las almas y con la ayuda de los seres superiores permanecer a salvo.


Algún día quisiera contaros -y saber mucho, mucho más- de las maneras maravillosas en que los chinos se protegen de sus supersticiones. Si nosotros ponemos ramitas de olivo santificadas en Domingo de Ramos bajo nuestras ventanas, ellos construyen calles serpenteantes y ponen dioses, guerreros, leones e incluso palabras para protegerse, y en esta parte de China es común en las casas antiguas encontrar junto o sobre el quicio de la puerta un espejito redondo, pensado para que si un espíritu se dispone a entrar en el hogar, huya espantado por su propio reflejo. -
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A la salida de los bazares, que son mitad arquitectura original y mitad diodos y cartón piedra, está el fabuloso Chenghuang Miao (成黄庙), el Templo de los Dioses de la Ciudad.

Escondido con discreción entre las callejas y las tiendas, siempre me ha dado la impresión de ser uno de los templos más antiguos y puros de la ciudad. Sé que estaba allí ya antes de que llegasen los ingleses, como recuerdo de alguna lectura borrosa, y la primera vez que lo vi, acompañado por He Zhang (Connie), mi primera amiga china, me conmovió bastante la inocencia con la que los caracteres a ambos lados de las puertas del pabellón central decían que si eras bueno todo te iría bien en la vida. Es un lugar precioso, y anoche minutos antes de una fuerte tormenta de primavera, libre de motos, bicis, paseantes y vendedores de frutas acarameladas y yangroucuanr -ya sabéis, 羊肉串, los pinchillos morunos de cordero-, el templo lucía tan misterioso, solitario y mágico como podéis ver en la foto.-
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La atmósfera del templo contagió la noche. Cierto que había alternativas para el colorido, como este restaurante temático tan peculiar, que ofrece las delicias picantísimas de Hunan, la tierra natal de Mao Zedong, y lo hace bien en rojo y con una estética acorde con los tiempos en que conducía China el Gran Timonel. Una vez llegamos a entrar allí dispuestos a cenar, pero olía tanto a tabaco y a picantillo que no pudimos aguantar hasta pedir el menú.


Con todo, como decía, la atmósfera del templo, pétrea y oscura como la noche, brillante, perfumada y eléctrica como la tormernta, impregnó la noche y las calles aledañas.

Saliendo por la puerta que véis se daba a distintas callejas de un Shanghai bien distinto, al que está a la espalda de la cara más superficial y pintoresca del antiguo barrio chino, con sus corredores tradicionales y su calle antigua principal (Shanghai Lao Jie, 上海老街) saturada de tiendas para los turistas.-
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Siempre hay lugar, afortunadamente, para callejas más intimistas y vivas, cercanas a la realidad de la gente.



Saliendo por la puerta que veíais arriba se llega a la Calle del Pueblo, Renmin Lu (人民路), que tiene ahora muchas menos casas bajas tradicionales que cuando la vi por primera vez hace años. En los alrededores del Chenghuang Miao se han derribado vecindarios enteros, que probablemente harán sitio para nuevos centros comerciales de imitaciones baratas y recuerdos turísticos negociales, en un proceso de disecación del corazón chino de esta ciudad europea implantada en una aldeíta de pescadores junto al mar -上海- del río Huangpu...

Las pocas casas que aún resisten tienen un aspecto provisional de supervivencia por algunos días, en los puestecitos parece que estuvieran listos para marcharse a otra ciudad en cualquier momento, dispuestos a dejar que se desmorone entera en un momento todo lo que queda de la casa a sus espaldas.


Bajo la lluvia, paralela a lo lejos al curso del río, la Renmin Lu antaño conformada por pequeñas y viejas casitas tradicionales y eclécticas shanghainesas, luce el aspecto que véis: con algunos edificos a la izquierda e inmensos terrenos vacíos, entre la calle y la orilla del río, a la derecha. Los rascacielos que véis brillar a lo lejos son ya Lujiazui (陆家嘴), el distrito financiero de Shanghai, en Pudong (浦东), el inmenso y nuevo lado este del río. (Hasta se puede intuir, debajo a la derecha de la farola, bajo los cables, a lo lejos, la inmensa y colorida pelota de la torre más alta de Asia, la antena de televisión y mirador Perla de Oriente).

En los nuevos y también provisionales espacios vacíos que, hasta que comiencen las obras que correspondan en tan valiosos suelo, permanecen inmensos, planos e inútiles en medio de la ciudad, se han instalado también provisionales aparcamientos, prácticamente vacíos al menos ayer, aunque en una zona tan devastada poca gente parece que pueda estar interesada en aparcar ahi, la verdad; no parece que vaya a ser un negocio el de los aparcamientos mucho más duradero de lo necesario. Sin embargo, en su dureza, bajo la lluvia y la noche su entrada presentaba un aspecto poético.

Como no podía perderme echar un vistazo, me adentré unos metros mientras el vigilante veía la tele, y encontré lo que véis a continuación: un garaje habitado con otro vigilante que vía la tele, la planicie del aparcamiento casi desierta extendiéndose bajo la penumbra y en la humedad tras la lluvia, y a lo lejos, luminosos y casi diabólicos, mágicos como apariciones, gigantescos al otro lado invisible del río, que corre oculto tras los muros del aparcamiento, alzándose como titanes de acero, cristal y luz, los rascacielos de Lujiazui, con la torre Perla de Oriente (a la derecha) y las dos torres que albergan la pantalla de televisión más grande del mundo.


Mientras hacían su rico despliegue de iluminaciones y lucían su inmensa elegancia futurista, a este lado de la realidad el panorama era tan sencillo como un garaje con un televisor, un neón y un hombre en una silla vigilando un aparcamiento sin asfaltar donde había un solo coche.-
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A cierta distancia de allí, en el corazón de Puxi (浦西), la vieja ciudad, la orilla oeste del río, la transitada calle peatonal de Nanjing Dong Lu (南京东路), que forma la parte más brillante de la avenida comercial más larga del mundo, seguía con lluvia y todo desplegando todos sus neones seductores y fascinantes, que la hacen uno de los pocos lugares del mundo capaces de competir en espectacularidad callejera nocturna, en ocasiones, con el barrio tokiota de Shibuya.

Allí, con el rocío limpio de la noche, emerge brillante e imponente ya la medio sombra, con sus antenas, de ese Gran Cabrón metálico que es el Hotel Le Royal Méridien, que ninguno de quienes me habéis visitado aquí ha llegado a ver terminado, iluminado y en marcha. -

-En la calle las tiendas siguen abriendo hasta tarde, el puesto tradicional de mantou los sigue vendiendo, la botella gigante de neón de Coca-Cola sigue iluminando de rojo el rostro de las muchachas, los mendigos persiguen a los extranjeros, las niñas con rosas a las parejas, los moteros de la policía a los vendedores de cocos y piñas, las señoritas más guapas siguen tratando de engañar a los extranjeros solitarios para que les inviten a cafés y tés de facturas millonarias con la excusa de practicar el inglés, y los espírtitus más mercenarios que se te acercan siguen siendo capaces de ofrecer, negativa tras negativa tuya, películas pirata, películas pornográficas, masajes, prostitutas de todas las edades, hachís y a su madre en una bandeja si se la pidieran.-
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Afortunadamente también ayer hacía una noche clara y fresca, tan clara que permitía a las parejas pasear por la calle bajo los neones como si fueran estrellas, y tan limpia y fresca que apetecía, con las puertas abiertas y todos los sentidos, nadar y empaparse de ella.

miércoles, 11 de abril de 2007

La ciudad en taxi y el episodio de Neruda


Hola a todos; hoy, para los que tengáis curiosidad sobre detalles de la vida por aquí, voy a hablar de taxis. En esta ocasión, para quien le apetezca, habrá lectura para un rato.


La ciudad recorrida en taxi tiene a veces en Shanghai el encanto de los trenes. En esta ciudad inmensa, con cerca de cien kilómetros de diámetro y seguramente más de 20 millones de habitantes, el taxi es un medio bastante barato y accesible para muchos shanghaineses -hasta el punto de que es casi imposible conseguir uno cuando llueve o en horas punta-, y se concibe como un brazo del transporte público. Salvo en las multitudinarias horas punta, que ya empiezan a extender sus alas hasta tocarse casi cada una con la siguiente, el tren suburbano es ideal si une dos puntos que nos queden cerca, pero aún no abarca tanto como el metro de ciudades europeas, ya que apenas cuenta con cuatro líneas. Eso sí, se están construyendo nueve a la vez, y en los próximos años va a haber aquí más vagones de metro que en toda la Renfe (es literal, lo dijo un experto hace unos días). El autobús y el trolebús, por su parte, es un medio algo más sucio -por el polvo de los carburantes, que entra por todas partes- y a menudo bastante lento, pero aunque suele ser incómodo, por eso y porque no es fácil ir sentado, a veces es la forma más barata y directa de moverse por la ciudad (claro que para eso hay que conocer bien las líneas, y son cientos). Aunque si no tiene miedo a mancharse uno manos y pulmones de emisiones contaminantes, y se conoce el funcionamiento del endiablado tráfico local como para atraverse, la mejor manera de comprender la ciudad es en bicicleta, como esta heroína de la corriente humana que se me apareció esta tarde, decidida y preciosa, en el cruce de 石门二路 con 北京西路.



El taxi, sin embargo, guarda en Shanghai, como digo, el encanto de los trenes, porque es como un vagón privado, que te permite contemplar cómodamente por la ventanilla cada pequeña intimidad de las calles, y además en ocasiones te permite el placer de la charla y el encuentro con el conductor, claro que eso suele provocar situaciones o bastante embarazosas o bastante divertidas cuando sólo se habla, como yo, un mandarín de supervivencia.


Hoy sin ir más lejos me tocó un taxista bastante simpático, que más allá de las preguntas típicas -de dónde eres, cuánto llevas en Shanghai, de qué trabajas, que si te gustan los toros...- no sé qué me preguntaba del carácter de los españoles, que teníamos fama de apasionados y de no sé qué más, pero que seguro que no éramos de tan buen corazón como los shanghaineses (a veces tan encantadores, curiosos y cosmopolitas, otras desconfiados e hipócritas, pero muy a menudo amabilísimos y atentos con los extranjeros). Todo vino porque le dije mi dirección en dialecto shanghainés, que es mucho más fácil de pronunciar para los españoles, o para mí por lo menos, y ahí empezó la encuesta que me hizo el hombre el resto del camino.


En una ocasión me ocurrió una cosa preciosa. Después de hacer de huésped y cenar con un conocido que visitaba Shanghai, cogí un taxi cerca del Bund (prefiero llamarlo el Waitan, 外滩, el viejo malecón, hoy paseo marítimo en el meandro más famoso de la orilla oeste del río Huangpu) . De camino a casa, le conduje por un atajo y le pedí al conductor que me dejara junto a una cabina que entonces todavía había en mi calle. En ese momento el taxista se dio cuenta de que, días atrás, ya había hecho exactamente lo mismo: dos semanas antes, yo había cogido el mismo vehículo, también por la noche y con el mismo conductor, y le había pedido ir a casa pasando por debajo del mismo puente y parando al lado de la misma cabina. Sólo en ese momento me reconoció y yo me di cuenta de la coincidencia. Creo recordar que había como 15.000 taxis entre todas las compañías de Shanghai, si no me falla la memoria (y alguien me decía que faltaban como 10.000, si recuerdo bien), de manera que cuando el taxista paró, se volvió sonriente y me dijo que eso tenía que significar algo especial, que estamos unidos por el destino. Me ofreció un cigarrillo Chung Hwa (中华) -que rechacé y comprendió, claro- y me empezó a contar su vida, que tenía un hijo, dónde vivía, y me preguntó por la mía, si estaba casado, de dónde era, y todas esas cosas de las conversaciones chinas de ascensor, pero con verdadero interés. A pesar de lo que tardaba yo en expresar ideas más complejas con mi limitado vocabulario, estuvimos como media hora hablando -¿。。。no sería precisamente culpa mía?-, y todavía guardo su tarjeta por si algún día necesito contratar un chófer privado.


Con esto quiero contar que los chinos uno por uno suelen ser gente encantadora, a menudo más pura que los europeos (no es que sean más ingenuos, sino más puros, casi más infantiles, más de campo, como creo que éramos nosotros mismos hace pocas generaciones), aunque en masa llegan a ser apabullantes y, en ocasiones, irritantes hasta para sus propios compatriotas.


La ciudad es hostil, miles de vehículos con motor, peatones y bicicletas se cruzan en un tráfico que sólo a veces se encauza en las normas internacionales, y que casi siempre sigue el principio natural de fluir como el agua, de nunca detenerse nadie y encontrar su camino entre los huecos que deja el resto. A menudo me parece fascinante con qué precisión funciona todo, partiendo de una regla muy sencilla para todo el que se desplaza por sus calles: nunca te detengas.


Xujiahui, esta tarde.

Tanta pericia hay que tener para manejarse con agilidad por esta marea maquinal y humana, y para conocer la geografía siempre cambiante de esta ciudad en constante reinvención de sí misma, donde las calles y los edificios aparecen y desaparecen y cambian de nombre, que los taxistas, como los hoteles, se califican por estrellas, que aparecen en la tarjeta de identificación de su licencia, junto a su fotografía: no tener estrellas viene a significar que te está llevando un novato; una estrella indica cierta veteranía; dos, bastante experiencia; tres, que te lleva un verdadero lobo de las calles; y cuatro, como sólo recuerdo haber encontrado una vez... supongo que lo mejor de lo mejor. El hombre de cuatro estrellas que recuerdo era amable en su taxi azul, rápido, prudente y buen conversador, aunque -iba acompañado- me dijeron que era un shanghainés que hablaba el shanghaihua sin acento de Shanghai. Un tipo especial.


Claro que hay de todo. Una vez que vino un gran amigo nos quisieron timar con un precio exagerado, aunque no nos dejamos, y hace unas semanas salió en la prensa de la ciudad el abuso que le hicieron a un noruego, que nada más salir del aeropuerto, a 40 kilómetros de la ciudad, cogió un taxi para ir a su hotel, y le cobraron más de mil euros por el servicio, cuando el viaje puede costar unos 15 como mucho, algo más por la noche. Días después, cuando se supo todo, localizaron al taxista, lo expulsaron y la compañía devolvió al noruego todo su dinero.

* * *

Supongo que hay gente para todo y que siempre ha sido así. Hace algunas noches encontré en las memorias de Neruda un episodio que os voy a copiar ahora, de cuando siendo más joven que yo, allá por 1927, fue nombrado cónsul general de Chile en Rangún (hoy Birmania), y el buen hombre, acompañado por su amigo Álvaro Hinojosa, tuvo que hacer el viaje en barco y en tercera, vía Madrid, París, etc., hasta dar el rodeo, supongo que por las comunicaciones de la época, de pasar por China y por Japón, y de su breve estancia de una noche en Shanghai, cuando utilizó los taxis de la época, esos carritos individuales tirados a mano por el propio carretero, que en la concesión británica llamaban rickshaws, cuenta que le ocurrió lo siguiente.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido (1974).
"Viaje al Oriente"].
"Lo importante era ver qué pasaba en Shanghai por la noche. Las ciudades de mala reputación atraen como mujeres venenosas. Shanghai abría su boca nocturna para nosotros dos, provincianos del mundo, pasajeros de tercera clase con poco dinero y con una curiosidad triste".
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Rickshaw en la Conchinchina francesa, a principios del siglo XX.

Después de visitar los grandes cabarets de la época, que creo que estaban entre lo que es ahora el principio de 南京东路 y la Plaza del Pueblo, que en la época albergaba, entre un bosque de vecindarios de casas bajas, la inmensa planicie del hipódromo británico, y que Neruda y su amigo encontraron medio vacíos, y donde las prostitutas rusas les pedían que les invitaran a tomar champaña, de manera que "así recorrimos seis o siete de los sitios de perdición donde lo único que se perdía era nuestro tiempo", los dos chilenos, desorientados, debieron tratar de buscar entre las callejuelas dónde estaba el Waitan, la "playa de los extranjeros" donde supongo que habría atracado el buque que después los llevaría a Japón.


Continúa contando Neruda un episodio que me hace pensar que los shanghaineses entre los que vivo son los mismos que entonces, gente de la tierra, amables, elegantes y puros hasta los ladrones.

"Era tarde para regresar al barco que habíamos dejado muy distante, detrás de las entrecruzadas callejuelas del puerto. Tomamos un ricksha para cada uno. Nosotros no estábamos acostumbrados a ese transporte de caballos humanos. Aquellos chinos de 1928 trotaban, tirando sin descansar del carrito, durante largas distancias.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Como había empezado a llover y se acentuaba la lluvia, nuestros rickshamen detuvieron con delicadeza sus carruajes. Taparon cuidadosamente con una tela impermeale las delanteras de los rickshas para que ni una gota salpicara nuestras narices extranjeras.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
"Qué raza tan fina y cuidadosa. No en balde transcurrieron dos mil años de cultura", pensábamos Álvaro y yo, cada uno en su asiento rodante. (...).
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
De repente se detuvo mi ricksha. El conductor desató con destreza la tela que me protegía de la lluvia. No había ni sombra de barco en aquel suburbio despoblado. La otra ricksha estaba parada a mi lado y Álvaro se bajó desconcertado de su asiento.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
-Money! Money! -repetían con voz tranquila los siete u ocho chinos que nos rodeaban.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Mi amigo esbozó el ademán de buscarse un arma en el bolsillo del pantalón, y eso bastó para que ambos recibiéramos un golpe en la nuca. Yo caí de espaldas, pero los chinos me tomaron la cabeza en el aire para impedir el encontronazo, y con suavidad me dejaron tendido sobre la tierra mojada. Hurgaron con celeridad en mis bolsillos, en mi camisa, en mi sombrero, en mis zapatos, en mis calcetines y en mi corbata, derrochando una destreza de malabaristas. No dejaron un centímetro de ropa sin trajinar, ni un céntimo del único y poco dinero que teníamos. Eso sí, con la gentileza tradicional de los ladrones de Shanghai, respetaron religiosamente nuestros papeles y nuestros pasaportes.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Cuando quedamos solos caminamos hacia las luces que se divisaban en la distancia. Encontramos pronto centenares de chinos nocturnos pero honrados. Ninguno sabía francés, ni inglés, ni español, pero todos quisieron ayudarnos a salir de nuestro desamparo y nos guiaron de cualquier modo hasta nuestro suspirado, paradisíaco camarote de tercera".
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Pablo NERUDA. Confieso que he vivido (1974).
"Viaje al Oriente".
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
La moraleja es que estoy convencido, amigos, de que vivo entre los hijos de los mismos shanghaineses, de nacimiento o de adopción -como empiezo a ser yo mismo-, pero entre la misma gente en todo, capaz, en su ternura, en su pureza humana, de hacer las mismas cosas, para mal y, como buenos vecinos, muy a menudo también para bien.

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