lunes, 16 de abril de 2007

Todos a la moda 2

¿Moda para marcianos?

¡Hola a todos!

Como en este París del Oriente lo de los encuentros con la moda no tiene fin, os voy a dar aquí un añadido a lo que os contaba el otro día. Hoy volví a pasar por Huaihai Lu y la tienda que abrieron entonces seguía controlando el número de personas que podían pasar para que no hubiera aglomeraciones peligrosas... y sus bolsas se veían por todo el barrio, y eso que con la lluvia había mucha menos gente en la calle. Tremendo.

Por cierto, había olvidado deciros que la tienda está en la esquina del primer lugar del centro de Shanghai que pisé en mi vida, frente el lugar donde me llevaron a cenar la misma noche en que llegué a China (en un restaurante con columpios de la cadena RBT que ahora están reformando).

Pasando por una calle llena de escaparates internacionales del lujo, la que fuera en tiempos de la colonia francesa la inmensa y tranquila avenida entre las villas, Avenue Maréchal Joffre, la Huaihai Lu de hoy combina el espíritu de la antigua concesión afrancesada con el consumismo más voraz: rascacielos, neones, publicidad, tiendas, restaurantes y más tiendas. Incluso a los pies del rascacielos Hong Kong Plaza una de tantas pantallas gigantes presenta a lo grande un desfile de moda:


En los escaparates se combinan las grandes marcas, entre ellas algunas asiáticas, como la hongkonguesa Esprit o, una muy divertida, que creo que también es de por aquí, y que combina siempre diseños con letras y en blanco y negro: JoJo. Atención a la chinísima y deliciosa frase que aparece en el escaparate. A veces es encantador cómo, en una mezcla de tiernísima ingenuidad y traducción demasiado directa del estilo de publicidad chino, se encuentra uno en inglés, casi en chínglish, frases tan bonitas como esta...

" Love is a language that doesn't speak in particular word, it speaks in emotion".
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Más o menos parece que quiere decir: "el amor es un lenguaje que no habla con una palabra en particular, habla con la emoción". De aquí a Hello, Kitty hay un paso, ¿verdad? Me recuerda a una caja de galletas de mantequilla, como esas danesas tan ricas que venden en España, que compré sobre todo, por una vez, por el envase que tenían. Sobre la tapa, haciendo un círculo, se lee::-
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"Put a cook in your mouth. Put a smile on your face. Give you a pure live. Tell your friends so much taste there is nobody can refuse". -
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Tampoco o vayáis a reír del pobre traductor que escribió todo eso, seguramente copiando ideas pensadas en chino, porque habrá aprendido inglés con un profesor no muy bueno, y sin haber salido seguramente nunca de su país, así que bastante ha conseguido con un eslogan tan poético como infinto... (es que está puesto en círculo y lo puedes leer una y otra vez sin parar).-
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Aparte las pequeñas chinglishadas, como "put a cook" (pon un cocinar) en vez de "put a cookie" (pon una galleta), parece que el eslogan quería decir, para los que no hablen inglés: "Pon una galleta en tu boca. Pon una sonrisa en tu cara. Date un vivir puro (!). Dile a tus amigos que hay tanto sabor que nadie puede rechazarlo". Así es verdad que no hay quien se resista, yo caí..-
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Ahora os contaré que la verdadera razón de escribir una entrada que continué la anterior es poder añadir lo que os haré ver a continuación. Observad esta imagen durante algunos segundos...



Sé que lo habréis visto enseguida, porque las fotos van seguidas en la pantalla casi una detrás de otra, pero a continuación os pongo un detalle ampliado de la misma imagen, tomada esta mañana...


¿Os habéis dado cuenta ya? Probemos con otra fotografía, tomada pocos segundos después, y su correspondiente ampliación...




Efectivamente, amigos: la maniquí no es una muñeca (aunque la chica no estaba nada mal, parece más bien mona). Una tienda de tanto prestigio como esta, en medio de Huaihai Lu, no tenía mejor idea para llamar la atención que darse el lujazo de contratar a una modelo para que se pase las horas luciendo un modelito en el escaparate. Y no es la primera vez que la veo. Hace bastantes semanas la descubrí vestidita de blanco, luciendo, como hoy, unos hombros huesudos y límpidos y una cara cargadísima de maquillaje y cansado hieratismo. Una joven me comentó una vez que, después de todo, no es tan duro, es "un buen trabajo: no tienes que hacer nada, sólo estar ahí sin moverte mucho y dejar que te mire la gente". Es un punto de vista.-
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Desde luego son cosas que le hacen sentir a uno por un momento como un marciano, o como viviendo entre marcianos. Sin embargo, horas después se descubre con gusto que no, que la moda es otra cosa, que la moda es cosa de todos, que está en la calle, que está cerca del pueblo. Mientras huíamos de una tormenta, refugiados en un todo a 2 , apareció en una pared esta deliciosa pareja de lápices de cacao contra la sequedad en los labios, para ella y para él, con una tiernísima imitación de L'Oréal (él). Me hizo tanta gracias que, por el momento, me tiene reconciliado con ese mundo artificioso de la moda y la apariencia, y por unos días no volverán a salir de mi boca palabras contra él... al menos mientras le duren las pilas al lápiz de labios...-a
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jueves, 12 de abril de 2007

Todos a la moda...


¡Ah, la moda!

Todos, todos a la moda: la familia entera, el niño, los padres, la cuñada... todos, todos a esa fiesta de los placeres livianos del vestir, el parecer y el parecerse, todos a embriagarse en la superficialidad de las grandes superficies... a hacer un poco, quizás, lo que siempre se ha hecho: invertir parte del fruto de los esfuerzos del trabajo diario en elegancia, en prestigio social y, en definitiva, en amor del prójimo.

Será porque tenemos demasiado ego, o demasiado poco, pero qué enternecedores e ingenuos somos a veces los seres humanos, como niños pequeños: nos vamos tan seriamente hasta de tiendas, todo casi siempre para compensarnos y para gustarnos más a nosotros mismos y, creo yo, también para gustarnos delante de los demás, si no directamente para gustar a los demás. Sólo quiero querer y que me quieran, así somos todos.

* * *

Discursitos de los míos aparte, bienvenidos ya todos entonces a una tienda de moda, barata pero de moda, de calidad y con diseño propio pero barata, como tantas que hay en Europa, donde estuve hoy pero aquí en la China, entre otras cosas, observando al personal, en un edificio de la orgullosa Huaihai Lu (淮海路) donde se acaba de instalar una nueva empresa del negocio, dispuesta a probar la gigantesca fruta del mercado chino, ese del que tanto se habla, más que por las desigualdades flagrantes que dividen a la población del país, por el crecimiento de su macroeconomía... y, también, el crecimiento del poder adquisitivo de cada vez más familias acomodadas, sobre todo en las grandes ciudades entre las que Shanghai es, de nuevo, la perla.



Menudo circo habían montado, se habían traído hasta a una estrella de la música disco para hacer más ruido y llamar más la atención.



Unos grandes mercaderes suecos con los que hablé hoy, que llamaban a Shanghai la "París de Oriente", lo tenían muy claro, y decían que los chinos cada vez tienen más dinero y están más interesados en la moda -sea lo que sea lo que les vendan como la moda, como en todas partes, sólo que aquí me parece la gente joven especialmente receptiva a todo lo nuevo-. "Así que eso encaja perfectamente con nuestras intenciones de negocio", me vino a decir abiertamente: vamos, que ya están viendo llover el dinero en cuanto pase un poquito de tiempo.



Tal vez no es para menos. Impresiona bastante ver a la gente esperando a las puertas de un sitio y entrar, si le dejaran, en desbandada a arrasar con lo que puedan, como ocurre en nuestra tierra con las rebajas (sólo que aquí era sólo la apertura de una tienda).



Al cabo de un rato se podía encontrar entre las perchas a decenas de muchachas bonitas o decoradas -muy a la moda local-, que ya llevaban puesto, como si no quisiesen que se lo quitase nadie, cualquier accesorio: una gorra, una pulsera, unos collares, unas gafas de sol, todavía con la etiqueta puesta y sin pasar por caja.


Los simpáticos cajeros y cajeras de la céntrica tienda no daban abasto.



Entretanto, me daba apuro comprobar los excesos de artificiosidad que, como en niñas barrocas de catorce años, se colgaba la moda de moda por los cuerpos de muchachas de más de veinte: gorras de tamaño exagerado, faldas ajustadas, medias que en Occidente parecerían muy horteras, colores rosas y fuxias, rayas, brillantinas, maquillaje fuerte, bolsos grandes, charoles, destellos... pero sobre todo rosa, mucho color rosa, en esa mezcla entre infantil y apastelado que parece tan popular aquí entre las chicas.



No pondré fotografías de los casos más llamativos en que inocencia y sensual provocación desfilaron en la ropa de una sola persona durante mi visita a la tienda, que si lo ven los niños se reirían y me pedirían explicaciones, pero ahí comprende uno el éxito de marcas como Hello, Kitty, y la pasión que despiertan aquí tanto los peluches como cualquier criatura de animación que se les parezca.



Parte de lo que se lleva aquí en Shanghai, capital de la moda en el país sin diseño (o casi), consiste en ir de florecita o de pastel, rosa y suave por dentro, y rosa fuxia por dentro, como son las flores fuertes y como pienso que se quieren ver a sí mismas muchas de las mujeres de este país. Dulcísimas niñas por fuera, vivísimas y muy inteligentes mujeres por dentro. Es una mezcla de tradición, oriental, milenaria y machista, y modernidad, impaciente, impetuosoa y medio desorientada. Tal vez, todavía es algo pronto y aún no podría ser de otra manera.


También me impresiona bastante, aquí y en Pekín (aquí y en Madrid, debería decir mejor para expresar infinitud y lejanía), la facilidad que tienen las modas para calar en la gente, somos tan simbólicos que nos dejamos empapar por las ideas, y sin darnos cuenta se nos puede convencer con facilidad para unir los atributos con que relacionamos a una persona o a una cosa con un objeto tan trivial como una prenda de ropa.



Por ejemplo esta chica de aire concentrado y tímido, que sopesa unas gafas como las de Madonna, qué tal le quedarían, tal vez piensa, o si son caras, mientras parece contemplarla tan firme el icono. Me llama la atención la seguridad que transmite la personalidad que le atribuimos a Madonna, con su feminidad tan contundente y expresamente occidental, y cómo contrasta con la dulzura superficial de todas las jóvenes chinas que he conocido, del este y del norte, es algo que llevan tan dentro hasta mis amigas más duras menos... afeminadas, en el sentido chino, diría.
Me da tanto que pensar, quizá nuestro estado natural es ser un poco ovejitas, después de todo. No sé si es que nos gusta o que lo necesitamos para funcionar bien en grupo, pero si está tan de moda -en Occidente- eso de ser tú mismo, de ser diferene -igual de diferente que todo el mundo, pero sin llegar a ser raro ni extraño a los demás... - tal vez es precisamente por ese complejo tan profundo que en ocasiones tenemos.
En el fondo es parecido a como funcionan aquí las cosas, aunque tengo la impresión de que aquí la cultura del no llamar la atención, pese a lo que pueda parecer, es más fuerte. Está bien destacar un poco por alguna virtud, una habilidad o un honor, eso todo el mundo lo desea, aquí y en... Pinto, pero aquí todo se comparte y se hace en grupo o en familia. Mientras los anuncios en Europa te dicen: sé tú mismo, come tal cosa, porque a ti te gusta y tú eres especial, en China, creo que también en Japón, pero desde luego aquí mucho, la misma publicidad sería: disfruta con tu familia / amigos / compañeros del trabajao, llévalos a comer tal cosa, porque está muy buena y vas a quedar muy bien, y compartiréis un rato estupendo todos juntos. Mientras en Europa veríamos a un guapo personaje comiendo él solito, aquí veríamos a toda la oficina, guapos, menos guapos, todos juntos sonriendo y devorando el invento.


Con todo, yo creo que lo mismo que nos sentimos cómodos siendo como son los demás, sin que nadie te pueda tachar de raro, en el fondo todos tenemos un impulso natural por destacar.




La foto que acompaña aquí a mi izquierda me pareció reveladora -je, je-: he aquí la prueba incontestable de que, en la más tierna infancia, de niños repelemos la moda -y que nos peinen si no nos agrada-, lo que queremos es estar agusto con nosotros mismos, tal como somos, y es luego después la sociedad, al envolvernos, la que nos hace temerosos del terrible castigo, esa sanción social de que te digan raro en vez de admirar abiertamente lo que uno tenga de especial.




En fin, sobre todas estas instructivas y valiosas lecciones puede ponerse a darle vueltas uno tras una visita a una tienda de trapitos, que al menos a mí, como todos los sitios donde no me siento cómodo, me vuelven totalmente introvertido y me distraen en las nubes con las oh más elevadas filosofías....



Sólo quisiera añadir un comentario más sobre las modas, y es lo que me hacen pensar siempre, hasta sin quererlo yo, en las vanitas que se pintaban en otros tiempos: lo absurdo de la vanidad y del paso de la vida, de emplear el tiempo de uno en las cosas más triviales y superficiales, y descuidar en el vacío el interior de uno y de los aspectos más importantes de nuestro paso de diminutos seres fugaces por la existencia.



He aquí una imagen que, cuando la estaba tomando, me sobrecogió bastante.

Fijaos bien en esta bonita joven que, tan elegantemente, se prueba unos sombreros mirándose a un espejo. Al fondo otra chica la mira y se tapa la boca, como si la observara, y hasta parece sorprenderse. Es como si se hubiera dado cuenta de algo.



Y efectivamente, hay algo: sobre el bolso de piel de la joven, con placas metálicas como teselas relucientes, está como adorno una enorme y sonriente calabera, casi con el mismo estilo ingenuo y pueril que los gatitos de Hello, Kitty, pero presente y oscura con toda la carga de lo que ha simbolizado siempre para todos nosotros.


Supongo que es una dulcificación chinesca del viejo símbolo pirata y diabólico, ahora que está tan de moda también vestirse con algún accesorio de chica dura, de camionera, de motorista, de soldado, aunque luego tenga sus adornos de brillantes o su toque infantil.

Vanitas, vanitatis.


Al salir de la misma tienda, me encontré con dos personajes que no hicieron más que seguir recordándome la misma idea. Dos mujeres mayores, tal vez una madre de la otra, acicaladas hasta el ridículo -para mis ojos-, y pretendiendo elegancia, buscaban entre el tráfico impasible, indiferente, un taxi para las dos.


Aquí va la fotografía que les hice, y váis a decir que soy un exagerado, pero la acompaño de un cuadro que no puedo evitar recordar ante una escena como esa.



Se trata de Las Viejas o El Tiempo, un lienzo de doble título que, como se adivina fácilmente para quien no lo conozca, fue pintado por Goya en uno de esos momentos de acidez española, con esa crítica tan suya que volcó una y otra vez contra las viejas vanidosas en sus Caprichos.


A este cuadro además le tengo cariño, porque lo descubrí una vez en una salla del Musée de Beaux Arts de Lille, y me trae muchos recuerdos bonitos de aquellos días.


En definitiva, como creo que diría Goya, cuánto más nos valiera ser menos coquetos por fuera y más aseados por dentro, cuidando los detalles que de verdad importan, y que piensen lo que piensen -al primer intento- los demás, que quienes bien nos conocen nos apreciarán por lo que somos de veras y no por lo que parecemos.


Aunque dice el dicho castellano que, "además de serlo, hay que parecerlo"... de manera que, posiblemente, todo dependa en realidad de lo que de veras somos y de lo que queremos ser y hacer en nuestra vida.




Así que ¡ya sabéis, muchachas de rostros tan felices en el frenesí de comprar trapitos! Si de mayores no queréis pareceros a las viejas de Goya... bueno, empezad a mirar la coquetería, y la moda, de otra manera, que siempre nos queda una esperanza y un camino por hacer, aunque no toda la gente haya pasado por allí todavía.


En Shanghai y en toda China es muy apreciado y famoso el escritor y articulista periodístico Lu Xun (1881-1936), que a mí, en mi ignorancia, me gusta llamar el "Larra chino". Aunque escribió muchas obras en la cercana ciudad de Shaoxing, que quisiera visitar un día, también fue un conocido habitante de Shanghai, así que creo que viene muy a cuento recuperar aquí estas palabras suyas:


“La esperanza es como un camino en el campo. Al principio no había camino. Luego, la gente fue llegando y caminó en la misma dirección. Y entonces apareció el camino.”

En el corazón de un castillo de la moda, vuestro amigo consiguió esta mañana, al menos, conquistar unas sonrisas, así que doy la esperanza por buena: las cosas valiosas y verdaderas de la vida siempre pueden regalársenos hasta en los lugares más grises para el espíritu. Y con esas caritas tan bonitas, la verdad, así da gusto.

miércoles, 11 de abril de 2007

La ciudad en taxi y el episodio de Neruda


Hola a todos; hoy, para los que tengáis curiosidad sobre detalles de la vida por aquí, voy a hablar de taxis. En esta ocasión, para quien le apetezca, habrá lectura para un rato.


La ciudad recorrida en taxi tiene a veces en Shanghai el encanto de los trenes. En esta ciudad inmensa, con cerca de cien kilómetros de diámetro y seguramente más de 20 millones de habitantes, el taxi es un medio bastante barato y accesible para muchos shanghaineses -hasta el punto de que es casi imposible conseguir uno cuando llueve o en horas punta-, y se concibe como un brazo del transporte público. Salvo en las multitudinarias horas punta, que ya empiezan a extender sus alas hasta tocarse casi cada una con la siguiente, el tren suburbano es ideal si une dos puntos que nos queden cerca, pero aún no abarca tanto como el metro de ciudades europeas, ya que apenas cuenta con cuatro líneas. Eso sí, se están construyendo nueve a la vez, y en los próximos años va a haber aquí más vagones de metro que en toda la Renfe (es literal, lo dijo un experto hace unos días). El autobús y el trolebús, por su parte, es un medio algo más sucio -por el polvo de los carburantes, que entra por todas partes- y a menudo bastante lento, pero aunque suele ser incómodo, por eso y porque no es fácil ir sentado, a veces es la forma más barata y directa de moverse por la ciudad (claro que para eso hay que conocer bien las líneas, y son cientos). Aunque si no tiene miedo a mancharse uno manos y pulmones de emisiones contaminantes, y se conoce el funcionamiento del endiablado tráfico local como para atraverse, la mejor manera de comprender la ciudad es en bicicleta, como esta heroína de la corriente humana que se me apareció esta tarde, decidida y preciosa, en el cruce de 石门二路 con 北京西路.



El taxi, sin embargo, guarda en Shanghai, como digo, el encanto de los trenes, porque es como un vagón privado, que te permite contemplar cómodamente por la ventanilla cada pequeña intimidad de las calles, y además en ocasiones te permite el placer de la charla y el encuentro con el conductor, claro que eso suele provocar situaciones o bastante embarazosas o bastante divertidas cuando sólo se habla, como yo, un mandarín de supervivencia.


Hoy sin ir más lejos me tocó un taxista bastante simpático, que más allá de las preguntas típicas -de dónde eres, cuánto llevas en Shanghai, de qué trabajas, que si te gustan los toros...- no sé qué me preguntaba del carácter de los españoles, que teníamos fama de apasionados y de no sé qué más, pero que seguro que no éramos de tan buen corazón como los shanghaineses (a veces tan encantadores, curiosos y cosmopolitas, otras desconfiados e hipócritas, pero muy a menudo amabilísimos y atentos con los extranjeros). Todo vino porque le dije mi dirección en dialecto shanghainés, que es mucho más fácil de pronunciar para los españoles, o para mí por lo menos, y ahí empezó la encuesta que me hizo el hombre el resto del camino.


En una ocasión me ocurrió una cosa preciosa. Después de hacer de huésped y cenar con un conocido que visitaba Shanghai, cogí un taxi cerca del Bund (prefiero llamarlo el Waitan, 外滩, el viejo malecón, hoy paseo marítimo en el meandro más famoso de la orilla oeste del río Huangpu) . De camino a casa, le conduje por un atajo y le pedí al conductor que me dejara junto a una cabina que entonces todavía había en mi calle. En ese momento el taxista se dio cuenta de que, días atrás, ya había hecho exactamente lo mismo: dos semanas antes, yo había cogido el mismo vehículo, también por la noche y con el mismo conductor, y le había pedido ir a casa pasando por debajo del mismo puente y parando al lado de la misma cabina. Sólo en ese momento me reconoció y yo me di cuenta de la coincidencia. Creo recordar que había como 15.000 taxis entre todas las compañías de Shanghai, si no me falla la memoria (y alguien me decía que faltaban como 10.000, si recuerdo bien), de manera que cuando el taxista paró, se volvió sonriente y me dijo que eso tenía que significar algo especial, que estamos unidos por el destino. Me ofreció un cigarrillo Chung Hwa (中华) -que rechacé y comprendió, claro- y me empezó a contar su vida, que tenía un hijo, dónde vivía, y me preguntó por la mía, si estaba casado, de dónde era, y todas esas cosas de las conversaciones chinas de ascensor, pero con verdadero interés. A pesar de lo que tardaba yo en expresar ideas más complejas con mi limitado vocabulario, estuvimos como media hora hablando -¿。。。no sería precisamente culpa mía?-, y todavía guardo su tarjeta por si algún día necesito contratar un chófer privado.


Con esto quiero contar que los chinos uno por uno suelen ser gente encantadora, a menudo más pura que los europeos (no es que sean más ingenuos, sino más puros, casi más infantiles, más de campo, como creo que éramos nosotros mismos hace pocas generaciones), aunque en masa llegan a ser apabullantes y, en ocasiones, irritantes hasta para sus propios compatriotas.


La ciudad es hostil, miles de vehículos con motor, peatones y bicicletas se cruzan en un tráfico que sólo a veces se encauza en las normas internacionales, y que casi siempre sigue el principio natural de fluir como el agua, de nunca detenerse nadie y encontrar su camino entre los huecos que deja el resto. A menudo me parece fascinante con qué precisión funciona todo, partiendo de una regla muy sencilla para todo el que se desplaza por sus calles: nunca te detengas.


Xujiahui, esta tarde.

Tanta pericia hay que tener para manejarse con agilidad por esta marea maquinal y humana, y para conocer la geografía siempre cambiante de esta ciudad en constante reinvención de sí misma, donde las calles y los edificios aparecen y desaparecen y cambian de nombre, que los taxistas, como los hoteles, se califican por estrellas, que aparecen en la tarjeta de identificación de su licencia, junto a su fotografía: no tener estrellas viene a significar que te está llevando un novato; una estrella indica cierta veteranía; dos, bastante experiencia; tres, que te lleva un verdadero lobo de las calles; y cuatro, como sólo recuerdo haber encontrado una vez... supongo que lo mejor de lo mejor. El hombre de cuatro estrellas que recuerdo era amable en su taxi azul, rápido, prudente y buen conversador, aunque -iba acompañado- me dijeron que era un shanghainés que hablaba el shanghaihua sin acento de Shanghai. Un tipo especial.


Claro que hay de todo. Una vez que vino un gran amigo nos quisieron timar con un precio exagerado, aunque no nos dejamos, y hace unas semanas salió en la prensa de la ciudad el abuso que le hicieron a un noruego, que nada más salir del aeropuerto, a 40 kilómetros de la ciudad, cogió un taxi para ir a su hotel, y le cobraron más de mil euros por el servicio, cuando el viaje puede costar unos 15 como mucho, algo más por la noche. Días después, cuando se supo todo, localizaron al taxista, lo expulsaron y la compañía devolvió al noruego todo su dinero.

* * *

Supongo que hay gente para todo y que siempre ha sido así. Hace algunas noches encontré en las memorias de Neruda un episodio que os voy a copiar ahora, de cuando siendo más joven que yo, allá por 1927, fue nombrado cónsul general de Chile en Rangún (hoy Birmania), y el buen hombre, acompañado por su amigo Álvaro Hinojosa, tuvo que hacer el viaje en barco y en tercera, vía Madrid, París, etc., hasta dar el rodeo, supongo que por las comunicaciones de la época, de pasar por China y por Japón, y de su breve estancia de una noche en Shanghai, cuando utilizó los taxis de la época, esos carritos individuales tirados a mano por el propio carretero, que en la concesión británica llamaban rickshaws, cuenta que le ocurrió lo siguiente.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido (1974).
"Viaje al Oriente"].
"Lo importante era ver qué pasaba en Shanghai por la noche. Las ciudades de mala reputación atraen como mujeres venenosas. Shanghai abría su boca nocturna para nosotros dos, provincianos del mundo, pasajeros de tercera clase con poco dinero y con una curiosidad triste".
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Rickshaw en la Conchinchina francesa, a principios del siglo XX.

Después de visitar los grandes cabarets de la época, que creo que estaban entre lo que es ahora el principio de 南京东路 y la Plaza del Pueblo, que en la época albergaba, entre un bosque de vecindarios de casas bajas, la inmensa planicie del hipódromo británico, y que Neruda y su amigo encontraron medio vacíos, y donde las prostitutas rusas les pedían que les invitaran a tomar champaña, de manera que "así recorrimos seis o siete de los sitios de perdición donde lo único que se perdía era nuestro tiempo", los dos chilenos, desorientados, debieron tratar de buscar entre las callejuelas dónde estaba el Waitan, la "playa de los extranjeros" donde supongo que habría atracado el buque que después los llevaría a Japón.


Continúa contando Neruda un episodio que me hace pensar que los shanghaineses entre los que vivo son los mismos que entonces, gente de la tierra, amables, elegantes y puros hasta los ladrones.

"Era tarde para regresar al barco que habíamos dejado muy distante, detrás de las entrecruzadas callejuelas del puerto. Tomamos un ricksha para cada uno. Nosotros no estábamos acostumbrados a ese transporte de caballos humanos. Aquellos chinos de 1928 trotaban, tirando sin descansar del carrito, durante largas distancias.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Como había empezado a llover y se acentuaba la lluvia, nuestros rickshamen detuvieron con delicadeza sus carruajes. Taparon cuidadosamente con una tela impermeale las delanteras de los rickshas para que ni una gota salpicara nuestras narices extranjeras.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
"Qué raza tan fina y cuidadosa. No en balde transcurrieron dos mil años de cultura", pensábamos Álvaro y yo, cada uno en su asiento rodante. (...).
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
De repente se detuvo mi ricksha. El conductor desató con destreza la tela que me protegía de la lluvia. No había ni sombra de barco en aquel suburbio despoblado. La otra ricksha estaba parada a mi lado y Álvaro se bajó desconcertado de su asiento.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
-Money! Money! -repetían con voz tranquila los siete u ocho chinos que nos rodeaban.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Mi amigo esbozó el ademán de buscarse un arma en el bolsillo del pantalón, y eso bastó para que ambos recibiéramos un golpe en la nuca. Yo caí de espaldas, pero los chinos me tomaron la cabeza en el aire para impedir el encontronazo, y con suavidad me dejaron tendido sobre la tierra mojada. Hurgaron con celeridad en mis bolsillos, en mi camisa, en mi sombrero, en mis zapatos, en mis calcetines y en mi corbata, derrochando una destreza de malabaristas. No dejaron un centímetro de ropa sin trajinar, ni un céntimo del único y poco dinero que teníamos. Eso sí, con la gentileza tradicional de los ladrones de Shanghai, respetaron religiosamente nuestros papeles y nuestros pasaportes.
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Cuando quedamos solos caminamos hacia las luces que se divisaban en la distancia. Encontramos pronto centenares de chinos nocturnos pero honrados. Ninguno sabía francés, ni inglés, ni español, pero todos quisieron ayudarnos a salir de nuestro desamparo y nos guiaron de cualquier modo hasta nuestro suspirado, paradisíaco camarote de tercera".
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
Pablo NERUDA. Confieso que he vivido (1974).
"Viaje al Oriente".
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
[En: Pablo NERUDA. Confieso que he vivido
La moraleja es que estoy convencido, amigos, de que vivo entre los hijos de los mismos shanghaineses, de nacimiento o de adopción -como empiezo a ser yo mismo-, pero entre la misma gente en todo, capaz, en su ternura, en su pureza humana, de hacer las mismas cosas, para mal y, como buenos vecinos, muy a menudo también para bien.

martes, 10 de abril de 2007

Shanghai en la ventana, una noche


Nidos de niños que comen y crecen,
vivos enjambres que olvidan, trabajan,
sueñan, perviven, que suben y bajan
amontonándose, y no lo merecen:

suman las noches que no lo parecen
intimidades sin voz, se relajan
miles de luces que a oscuras encajan
y en su correr consumidas perecen.

Bestia ciudad que devoran los hombres,
devoradora, infinita mandala,
es tan profundo el rumor de tus nombres

como el latir de tu luz, mujer mala,
que en tu quemar cada noche repartes
muertes y vidas, sudores y artes.








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obra está bajo una
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domingo, 8 de abril de 2007

Siete tesoros en un fin de semana doble

¡Hola a todos!

Mientras en España fue la Semana Santa, aquí en China vivimos esos días tan castizos como un fin de semana doble, y este año los hemos aprovechado para descubrir nada menos que Siete Tesoros. Y digo Siete Tesoros porque así se llama precisamente el antiguo pueblo, hoy absorbido por el distrito shanghainés de Minhang, que visitamos ayer en un apartado rincón en las afueras de la metrópoli, que tiene un nombre tan prometedor y mágico como Qibao (七宝), Siete Tesoros.

Nadie nos explicó cuáles eran los siete tesoros orginiales que dieron el nombre al misterioso lugar, pero este doble fin de semana, entre otros lujos que nos dimos, lo aprovechamos para visitar dos sitios -Qibao y el Zoo de Shanghai- en los que descubrimos nuestros Siete Tesoros del puente particulares, que os cuento a continuación.




1er TESORO: EL MISTERIO DE LAS LEONAS CHINAS.

Es mucho más que una tradición iconográfica: digan lo que digan los leones, la tendencia de las leonas chinas por proteger el mundo bajo sus patas, o una pelota del firmamento y el orbe todo, o una piedra siquiera, es irresistible.

Seguro que todos habéis visto alguna vez a las leonas así guardando con celo las puertas de algún templo, un banco o aunque sea un restaurante chino. Aquí van un ejemplo de Qibao para refrescar la memoria:


Luego volveremos a verla, pero seguro que ahora ya no os sorprenderá tanto, entonces, que en todo el rato en que estuvimos contemplando los leones, nuestra bella vecina no abandonara ni un momento su primer tesoro:






2º TESORO: VER LOS PAJARITOS.




Una de las mejores sorpresas del Zoo de Shanghai es una gigantesca jaula de pájaros, que es como un pedazo de bosque bien grande, atrapado en su maravilla y en su deliciosa jauría de trinos, cantares del agua y volares distintos. Aunque está recogido de una manera un poco artificial, metido así en la ciudad, junto al barrio diplomático de Hongqiao, entrar en el zoo y, dentro de él, penetrar en aquel jardín de música y criaturas, refresca tanto como beber del manantial más puro de las montañas.

Encantado por el inesperado contacto con la Natura en esta ciudad de cristal y polvo, recibí el regalo de poder fotografiar a pajarillos preciosos como siempre había querido hacerlo. En parte gracias a las manzanas, y en parte a que estarán más que acostumbrados a los fotógrafos domingueros locales, no sólo pudimos documentar a algunos pollos pelando la pava...

...aunque la reacción de algunos nos provocó verdadero pavor:

...Sin embargo, algunas aves más enternecedoras, como aquí nuestro amigo Pollo, se dejaron retratar zampándose una frutilla...

...y, maravilla oh maravilla tantas veces deseada, al despedirse nos regaló nada menos que su intimidad del vuelo, en una de esas imágenes que uno sueña con recoger toda su vida:







3er TESORO: LA NATURALEZA SE PERFECCIONA.

Por si visto lo visto quedaba alguna duda, la tercera conclusión que conseguimos en el Zoo de Shanghai es que la Naturaleza evoluciona con sus seres y se perfecciona.

Allí vimos brillantes peces chinos de los de libro, o los de acuario de toda la vida, aunque digamos que muy bien cuidados:

Este me recuerda a uno que sé vagamente que tuvimos en casa cuando tenía yo como tres años. La foto está marcada por aquel vaporoso recuerdo de la infancia, mientras las visitantes chinas, aficionadas a explorar la vida como a llevar -aunque no se percibe ;) - camisetas de vaquitas jugando al mus, también se entretenían con sus propios hallazgos.

Por mi parte, descubrí una extraña mutación de peces que, a pesar de que son criaturas conocidas por su expresión tan típicamente de pez, se convierten en seres extraordinariamente coj... esto, simpáticos...


Poco después, entre otras vitrinas con fascinantes criaturas de los mares asiáticos, descubrí esta extraña variación shibuyera fluorescente que parece solucionar el conocido problema de la escasa memoria de los peces, en lo que parece algo así como una ampliación de disco duro que da lugar a lo que, popularmente, podríamos tal vez llamar el pez sabio:

Entusiasmado, me di cuenta de que, en ocasiones, los peces sabios parecían mantener entre ellos conversaciones filosóficas que ni con Sócrates:


...claro, que no tardé mucho en averiguar que yo mismo no era el primero que los había descubierto...


En fin, después de sorprendernos con los peces, tomamos nota de los consejos que, con sus progresos evolutivos, nos dieron varias especies animales de esta zona del mundo:

a) disfruta, come y duerme todo lo que puedas y todo lo agusto que puedas...


b) disfruta, deja a la gente que diga a lo que diga y concéntrate en lo que de verdad te gusta de la vida...

c) ...y hagas lo que hagas -como si estás de canguro, vaya-, ante todo: relájate, y disfruta.


Antes de terminar esta visita al Zoo de Shanghai os contaré una curiosidad: mientras en el Zoo de la Casa de Campo de Madrid hay una escultura del amigo Félix Rodríguez de la Fuente, en el parque shanghainés hay una de un soldado comnsta chino de la II GuerraMundial; aunque no logro comprender gran cosa de la explicación, creo que se trata de un héroe para los animales, que en el furor de la batalla hizo todo lo que pudo por evitar que le dieran a su caballo.





4º TESORO: COMO UN GRANITO DE ARENA DE CHINA.

Bienvenidos entonces a Qibao (七宝), pero sin confundirlo con qipao (起跑, si no me equivoco), que es el ajustado vestido tradicional de mujer chino, tan elegante, que habéis visto tantas veces en restaurantes, mercadillos y películas.

Qibao, el pueblo de los Siete Tesoros, es un lugar de un origen artesano y centenario como el mismísimo Alcorcón, y situado donde está, en las afueras de Minhang, casi allá tan lejos como el bosquecillo desierto junto al que se celebra últimamente la Copa Masters de Tenis de Shanghai, a cuyos periodistas Qibao trata de atraer cada año para promocionarse ante el gran mundo, esta antigua aldea prometía parecerse a algunas joyas de la zona, verdaderas venecias del Este de China como Zhouzhuang, Tongli, Nanxun y tantos otros pueblitos ribereños y bordados de canales que hay entre Suzhou y Hangzhou, por todo el delta del Yangtsé, pero como la mayoría de ellos, es un agotador ejemplo más del actual modelo chino de desarrollo turístico: tiendas, tiendas, más tiendas.

Para decirlo con imágenes, con dos tomadas desde el mismo puente: Qibao no deja de ser esto...

...pero a la vez, y sobre todo, es exactemente esto:


Y es que si hay ocasiones en las que uno comprueba una y otra vez que en este país hay mucha, pero muchísima gente, desde ahora una de mis principales sugerencias será pasarse por una de las callejas más populares de Qibao un sábado por la mañana, verán ustedes qué paseo más agradable.

Además de admirar la prosperidad de un pueblo que siempre supo florecer en lo mercantil, como lo es este, a uno le puede encantar recorrerlo como quien contempla un minúsculo grano de arena de la inmensa China, un pedacito minúsculo de tierra, capaz de recoger en su pequeño universo, con todo, un pequeño retrato de su cambiante presencia...

Basta con echar un vistazo a quienes recorren sus calles, con esa mezcla de generaciones en el aire que hacen tan inimaginable qué pasados conviven con el bullicioso presente de hoy:


Entre el pasado y el presente, la tradición y la modernidad, la espiritualidad y la moda, me sorprendió encontrar en un callejón una publicidad de una tienda -no sé si clandestina- de tatuajes, que nadie parece haberse molestado en perseguir demasiado, y eso aunque se mezcle la religión con uno de los aspectos más oscuros del ser humano -allá donde dicen que acaba la espalda y empieza el mundo:

Me hace pensar todo esto que en, como en el granito de los Siete Tesoros, en los últimos rincones del imperio siempre está y estuvo todo nada más que en manos de la gente del lugar. Este tipo que mostramos aquí contando los billetes y discutiendo es un feriante que, en una caseta que se sostenía entre una calle medio en ruinas (porque algo irán a construir para el desarrollo del turismo local, me temo...), vendía y maravillaba al personal ofreciendo triquiñuelas: un circuitejo que no sé cómo funciona, para consumir menos electricidad, y pagar menos en el recibo de la luz, aunque la bombilla funciona igual...

Es fascinante cómo se transforma todo y con qué violencia pasa el tiempo por estos pequeños rincones del mundo. En la misma calle, esta muchacha que pasea hablando por el móvil pasa ante una antigua consigna pintada en un muro, que -aunque en la imagen no se ve entera- llamaba a la población a su deber de colaborar amistosamente con el Ejército Popular...


En la misma calleja, y sirviéndonos para presentar el siguiente tesoro de esta entrada, una pequeña multitud de vecinos, tan propia de estos rincones entrañables de los pueblos, se agrupa con curiosidad para admirar la labor de un prestidigitador que les cautiva con su saber hacer...
...nada menos que uno de los panaderos del barrio, que hace las delicias del personal a base de vaporosas tortitas calentitas que prepara a vista de todos.




5º TESORO: MANJARES LOCALES.

Como se ha hecho bastante tarde con el largo mensaje de hoy, que es uno de los más inmensos que creo que llegaré a escribiros en un solo día, no me extenderé mucho contando los manajres del lugar ni las delicias que pudimos probar este fin de semana, como los rollitos de primavera del mejor lugar, dice una experta conocedora, de toda la ciudad para comerlos (un puestecito con algunas mesas que luce el cartel con el premio nacional de 中华名小吃, que es algo así como el Premio Aperitivo Famoso de China, hasta donde comprendo).

Omitiré también lo de las patas de jabalí laqueadas, o como quiera que los preparen, que se pueden encontrar con facilidad en las venecias de la zona, omitiré los conocidos xiaolong del lugar(小龙, o dragoncitos, deliciosos ravioles al vapor), y os coloco aquí algunos manjares de la zona, que aunque en esta ocasión no llegamos a probarlos, sea por la pintilla o porque había demasiada gente apretada en la calle como para que fuera posible, pero que tal vez harían las delicias, por ejemplo, creo que de mi hermana...



También me pareció curioso la de veces que vi remover comestibles en ese barriopueblo: desde la especie de turrón que preparaban los del puesto de abajo, a la especie de caramelo interpalillil que llevaba una moza que también os retrato, cuyo tesoro envidiaba con gula un mancebo cual véis que iba tras ella.






6º TESORO: LA PAGODA SONORA Y SU CORTE DE ESTRELLAS.

Seguro que reconocéis a la leona del fondo y que ya sabéis dónde estamos, os prometí antes que volveríamos a verla. Es el moderno Templo de Qibao (七宝恃), desde cuya preciosa pagoda, que veis al fondo, se puede contemplar desde el cielo el lugar. Lo más interesante del sitio, en general, era comprobar cómo era un templo budista de nuestro tiempo, casi diría que recién construido, con sus jardines alrededor y sus farolas adornadas con colores sagrados y oraciones religiosas.

Como tenía que ser, todo parecía rezarse solo en aquel lugar tan moderno. Como es lo propio, en cada piso de la pagoda había una imagen distinta de Buda, con distintos atributos, o lo que, en mi ignorancia, interpreté así yo. Me explicaron que se trataba de distintos dioses, a los que en ocasiones familias habían donado plaquitas con su nombre a cambio de dinero -como en Europa cuando se pide y se agradece a los santos-; por lo visto valía entre 5.000 y 10.000 la ofrenda. Entre ellos me llamaron la atención uno que era de la Inteligencia, y otro que, aunque ya era un dios, no tendría la categoría de dios hasta que el infierno estuviera vacío, por lo que era un dios en la tierra que se dedicaba a salvar a los hombres.

Con todo, lo más delicioso de aquel lugar eran sus campanas, en cada esquina de los tejadillos de cada piso de la pagoda, que hacían cantar al aire y rezarse solo al mundo todo con el más leve aleteo de la brisa.

Después, ya abajo, junto al templo, había un pasillo lleno de estatuas de yeso como las que vimos el año pasado en aquel templo femenino del monte Shaolin, en Henan. Eran personificaciones de estrellas, y cada una simbolizaba un año, de manera que cada persona podía buscar allí su estrella particular y hacerle una ofrenda para que le diera buena suerte, si entiendo bien (en Henan tratan de hacer pagar a la gente por dejarles ver cuál es el suyo).

Tal vez no sean los de mayor calidad artística del país, pero en su sencillez y en su imaginación, me parecen más interesantes que muchas cosas que se hacían en Europa. Os pongo a continuación varios años (el año que sale en primer plano es el que digo, y cuenta el futuro hacia la izquierda y el pasado hacia la derecha). El de 1984 me pareció tan onírico y fascinante que no tengo palabras para describirlo, sólo puedo presentarlo, como a todos, con toda mi admiración y mi respeto.

Año 1982 (izquierda)


Año 1984


Año 1979 (derecha, azul)


7º TESORO: LA CHICA MÁS BONITA DE TODO SHANGHAI.

El séptimo tesoro, claro, de este fin de semana doble (88, 喜喜), y absolutamente el más valioso y el más importante, y a quien debo todo, no podría ser más que la criatura más bonita de todo Shanghai. :) Os envío muchos besos y abrazos a todos.





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